Derechos Humanos en la Infancia y Adolescencia.

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NI LA VIDA NI LA MUERTE SE RINDEN CON SUS CUNAS Y SUS CRUCES (L. GIECO)
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Mi niña Lola

Prueben a no emocionarse con esta interpretación que Concha Buika hace de "Mi niña Lola"  copla que relata la preocupación de un padre por la tristeza de su hija.

"Mi niña Lola, mi niña Lola, mientras que viva tu padre no estarás en el mundo sola...."

 

Jueves, 02 de Julio de 2009 12:13 Autor: Lic. Claudia Santalla y Giselle Zarlenga. #. Tema: Música. No hay comentarios. Comentar.

¿Ahora sí el PRO solucionará esto?

Visita al Normal 4 de Bajo Flores

¿Ahora que el PRO tiene mayoría en la legislatura y mayor presencia en el Congreso Nacional, finalmente podrá resolver los temas pendientes desde que asumieron?

Lunes, 29 de Junio de 2009 15:27 Autor: Lic. Claudia Santalla y Giselle Zarlenga. #. Tema: Educación. No hay comentarios. Comentar.

¿Ahora sí el PRO solucionará esto?

Visita al Normal 4 de Bajo Flores

Lunes, 29 de Junio de 2009 15:02 Autor: Lic. Claudia Santalla y Giselle Zarlenga. #. Tema: Educación. No hay comentarios. Comentar.

En Argentina 3.000.000 de personas no conocen su identidad

Personas robadas, traficadas y apropiadas se preguntan por sus raíces

Una ONG denuncia que existen 3 millones de personas en el país que producto de una adopción irregular o de la apropiación de bebés (trata) no conocen sus orígenes

   “Todavía no sé quienes fueron mis padres biológicos ni cuándo nací. Por lo que pude reconstruir, sé que tengo entre 46 y 48 años”, relata Graciela Palma, presidenta de Quiénes Somos, una organización que se dedica a buscar el origen de unos tres millones de argentinos que desconocen sus raíces. “La apropiación ilegal de bebés existió siempre y lamentablemente continúa. Por eso exigimos al Estado que luche contra este flagelo y reconozca el derecho a la identidad para que todos podamos reconstruir nuestra historia”, expresa.
   “Es un delito que la sociedad tiene incorporado: es común que una partera les prometa ’te consigo un chico’. Por eso hay que educar y crear conciencia ya que esta actividad funciona porque existe una demanda”, afirma Palma. Los argentinos que aún buscan su verdadera identidad de origen sufren graves trastornos físicos y psicológicos. Tienen entre 18 y 70 años y no se resignan a conocer sus raíces. La mayoría de los casos surgieron de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y la Capital Federal.
   En la asociación explican que todas las historias pueden reconstruirse con una adecuada política de estado. Pese a que elevaron distintos proyectos de ley al Congreso, denuncian que los mismos “fueron cajoneados”. En la ciudad de Buenos Aires, en tanto, fue sancionada la ley 2.202, que autoriza la apertura de los archivos de los hospitales y clínicas del distrito. Sin embargo, la norma aún no fue reglamentada “por falta de presupuesto”, acusan en Quiénes Somos.
   (Diario Popular, pág. 8, 22/6/09) - Fuente: Periodismo Social

 

 

 

LA IDENTIDAD QUE CORRE EN LA SANGRE

 

De niños fueron tratados como objetos y envueltos en mantos de silencio. Pero las mentiras estallaron cuando, ya adultos, se sintieron interpelados por un interrogante que las Abuelas de Plaza de Mayo instalaron en la sociedad: “¿sabés quién sos?”. Ellos buscan sus orígenes y han formado dos organizaciones planteándose esa pregunta en primera persona. La Pulseada cuenta las historias de quienes necesitan verse “completos” en el espejo, pero cargan con el peso de identidades expropiadas.

Por Carlos Sahade y Daniel Badenes

 

“no quiero otra noticia sino vos

cualquiera otra migajita donde

se muere de hambre la memoria / cava

para seguir buscándote / se vuelve

loca de oscuridad / fuega su perra/

arde a pedazos / mira tu mirar

ausente / espejo donde no me veo...”

Juan Gelman

 

El baño: un baño como cualquier otro. El pibe: uno como cualquiera. Salvo por una cosa: cuando se mira al espejo es como si no se viera. Sus ojos paralizados, profundos, se interrogan sobre una ausencia. Luego, una leyenda aparece del televisor: “¿Y vos, sabés quién sos?”.

El spot publicitario difundido años atrás, fue parte de una campaña de Abuelas de Plaza de Mayo para detonar las dudas de sus nietos secuestrados, que aún viven con identidades sustituidas. Son “desaparecidos vivos” que conviven con sus apropiadores e ignoran sus orígenes. Se calcula que unos 500 chicos fueron robados por las fuerzas represivas durante la última dictadura.

Organizado de un modo sistemático, se trató de un delito “único en el mundo: no hemos encontrado otro país donde, en guerra convencional o en terrorismo de Estado como fue acá, haya existido un plan para apropiarse de los bebés que nacían en los campos de concentración”, explica la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo Estela Carlotto. Entre 1975 y 1983 existieron maternidades clandestinas donde las jóvenes secuestradas tuvieron a sus hijos, que se transformaron en botines de guerra. Allí se dejaban progresar los embarazos de las enemigas políticas de la dictadura, se concretaba el parto y casi inmediatamente se arrebataba al bebé de los brazos de su madre, que era asesinada. El chiquito recibía otro nombre, una familia ajena y una historia falsa. “Siempre con un signo político”, remarca Carlotto. Un signo que explicitó en 1983 el general Ramón Camps, jefe de la Policía bonaerense, cuando declaró a un medio español que había matado a 5000 “subversivos”, pero que nunca había asesinado niños. En cambio, dijo haberlos entregado a “nuevos padres”, lejos de sus familias biológicas, que los hubiesen “educado para la subversión”.

Si la represión del Estado terrorista generó una cultura del miedo y desmovilizó a la sociedad, ese accionar particularmente macabro terminó de quebrar al país: ya ni siquiera estaba garantizado el derecho a la identidad. “Fuimos a las casas cuna, a los juzgados de menores y nadie nos daba respuestas. Es más: escondían las pruebas. La orden era que nunca vinieran a vivir con nosotros”, rememora Carlotto.

Como las Madres, en 1977 las Abuelas comenzaron a caminar juntas y emprendieron la búsqueda de sus nietos. El poema de Gelman –“no quiero otra noticia sino vos”– encarna el dolor y el deseo de esos familiares cuyos seres queridos les habían sido saqueados.

Cuando las Abuelas cumplieron dos décadas de lucha perseverante, 59 chicos habían recuperado su identidad. La realidad había cambiado: ya no buscaban niños, sino jóvenes. Fue entonces cuando comenzaron las campañas para instaurar en la sociedad la pregunta sobre la identidad. Tuvieron muchas respuestas y hoy ya son 79 los nietos restituidos. Pero hubo resultados adicionales: otros sectores se sintieron interpelados e iniciaron la búsqueda de sus propias raíces biológicas.

 

En primera persona

Pronto quedó claro que el dilema de la identidad atraviesa a la sociedad entera. Las Abuelas recibieron muchos casos denominados “de identidad de adultos”. Y si bien ofrecieron su apoyo psicológico, no podían hacerse cargo de un problema que las excedía. Por eso acercaron a esas personas a la Defensoría del Pueblo de la Nación, promoviendo que se creara un ámbito específico para ayudar a quienes buscaban su identidad genética. Patricia Peña, una de las primeras en llevar su caso, reconoce que “Abuelas fue el primer lugar a donde recurrimos, porque ellas sabían de búsquedas. Además, no había nada en el Estado para buscar identidad. La identidad biológica no estaba ni siquiera contemplada hasta que Abuelas empieza a buscar a sus nietos”.

Algunas de las personas que se habían acercado a la Defensoría se unieron en una organización: “¿Quiénes somos?”. La psicopedadoga Soledad Lugones, una de sus actuales integrantes, sostiene que “la búsqueda de la verdad, de la identidad, tiene que ver con la salud física y mental. Porque lo que no se elabora, se repite”.

Las historias de quienes indagan sobre sus raíces biológicas son conmovedoras e impactantes. Como la de Graciela Palma Arizaga, criada con desprecio por la familia de un abogado que fue cónsul durante la dictadura de Aramburu. Desde los 6 años, Graciela somatizó todos sus problemas, que tenían como tronco común la falta de verdad. Como no había nada físico, la mandaron a un psicólogo. Luego a otro. Y a otro. “Después me enteré que los psicólogos llamaban a mis padres de crianza y les decían ´esta hija no es suya. Le hemos hecho los tests y ella está manifestando que sabe la verdad, pero necesita que se la digan´. Entonces cambiaban de psicólogo”. Graciela, que hoy tiene 43 años, llegó a estar muy mal de salud. Fue entonces cuando le dieron otra versión sobre su vida: “que mi madre era una prostituta que me iba a tirar a la basura y que ellos me salvaron...”.

La angustia y el sentimiento perturbador de estar envueltos en un manto de mentiras se reitera en cada testimonio. Graciela evoca el día en que hizo su cédula de identidad y el empleado de Policía preguntaba datos y datos. “Me quedé pensando: todo es mentira... doy un nombre, una fecha de nacimiento que son mentiras”.

No hay registro de que este tipo de casos haya culminado en un cambio de nombres, en parte porque el trámite requiere un costoso juicio de filiación. Pero el problema va mucho más allá de lo que diga la cédula o el DNI: eso es sólo la “identificación”. La identidad tiene bases biológicas y genéticas, y se completa durante la socialización de la persona, signada por la influencia de la familia, su cultura, idioma, religión. Desconocer los orígenes “produce una fractura entre el saber y el conocimiento... Tienen la sensación, el saber, pero andan a ciegas”, explica Lugones.

 

La pregunta plural

Dicen haber sido tratados como cosas. Muchos fueron obtenidos ilegalmente. Algunos quieren a sus padres de crianza y otros les guardan cierto rencor. Todos intentan quebrar el silencio que rodea sus historias. Y se unieron para construir herramientas que sirvan a sus búsquedas, eludiendo los obstáculos que existen para indagar esa parte de su identidad que les corre por la sangre.

Después de plantearse la pregunta en primera persona, decidieron hacérsela en plural: “¿Quiénes somos?”. En marzo de 2002 fueron diez personas que se reunieron en la Defensoría del Pueblo para crear una organización con ese nombre. Tenían entre 27 y 55 años y la mayoría eran mujeres. En noviembre de 2003 se escindieron. Quince personas, algunas provenientes de la primera experiencia, formaron la agrupación “Raíz Natal” con objetivos prácticamente idénticos.

La naturaleza de estos grupos es ciertamente atípica: son las propias personas que buscan su identidad –y no sus familiares– los que se organizan. Son los robados, los traficados, los abandonados, los apropiados, los negados.

Graciela, de “¿Quiénes somos?”, aclara que no hacen “autoayuda”, sino que tratan “de dar una mano a los que están en nuestra misma situación, que es buscar la identidad biológica y exigirle al Estado que cumpla con la Constitución y los pactos internacionales”. Su grupo asegura tener más de 500 integrantes.

“Sin nuestra identidad, no sabemos de dónde venimos, por qué estamos donde estamos, cuál es nuestra historia genética, o en quién nos reflejamos”, sostienen desde “Raíz Natal”, que se define como una “ONG solidaria” que “lucha contra los fantasmas, la inequidad, la burocracia, el conformismo, la ignorancia y aquellos que le temen a la verdad”.

 

El florero que faltaba

-¿Por qué creés que te adoptaron? –pregunta La Pulseada a Graciela, que se crió en un semipiso de Barrio Norte, donde “todo era un lujo, salvo mi habitación”.

–Por cómo era mi familia, fue una cuestión de apariencia. Ellos siempre estaban con el “qué dirán” y entonces cómo podía ser que un matrimonio, con él profesional, Cónsul de Chile y qué se yo, no pudiera tener un hijo. Era como el florero que faltaba en la casa. (...) Hubo abusos y un montón de cosas. Sufrí muchísimo. La imagen que tengo de chica y de adolescente es encerrada en mi habitación llorando abrazada a una almohada.

 

Muchas de las historias están signadas por las adopciones ilegales, la apropiación y el tráfico de niños. Algunos hablan de “adopciones legales pero ilegítimas” porque tienen los sellos del Estado. En verdad, como reflexiona Lugones, “son partidas de nacimiento ilegales porque los funcionarios cometieron un delito”.

Al preguntarse por su pasado, casi todos han pensado en el robo y la comercialización de bebés. El tema sale espontáneamente. María Rosa Pallone, de “¿Quiénes somos?”, expone el caso de los 35 mil chicos que faltan en las regiones asiáticas afectadas por el tsunami ocurrido a fines de 2004. “En Europa hay muy pocos niños, muy poca densidad demográfica porque la gente tiene pocos chicos y entonces están desesperados, sobre todo los pedófilos (personas adultas que sienten atracción erótica o sexual hacia niños o adolescentes) y los que actúan en el tráfico”, interpreta. Y no se equivoca: ya han sido probadas varias adopciones ilegales de niños robados en la zona del desastre.

También evocan otro caso que se hizo público recientemente: el del Hospital Funes, de Córdoba, donde se hacía figurar como muertos a bebés que eran entregados a otras personas.

En el país y en el mundo, el tráfico de niños es bastante mayor de lo que muchos creen. La trabajadora social Nora Schulman aclara que “no hay cifras, no se conoce la verdadera dimensión del problema”, aunque cita un caso que la sugiere: el del juez chaqueño denunciado años atrás por la monja Martha Pelloni, que “había hecho 365 adopciones en un año: una por día... Truchas absolutamente”. “Además hay agencias privadas de adopción en Argentina, cosa bastante grave, porque muchas están en manos de la Iglesia”. Schulman es directora Ejecutiva del Comité Argentino para el Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño (CASACIDN), presidido por Estela Carlotto.

La titular de Abuelas sostiene que “en este caso es un delito social, no del Estado. El Estado no compra y vende niños. Pero tampoco hace lo suficiente para romper con la venta de chicos. Argentina es como una especie de semillero para la provisión de niños a los países europeos”. En eso están involucrados médicos, abogados, jueces y funcionarios corruptos.

 

Problema social, miedo cultural y vacío legal

El grueso de la comercialización de bebés está relacionado con el problema de la pobreza. Son comprados a madres muy carenciadas, que reciben una ínfima parte de las sumas implicadas; o apenas la atención del parto. Los chicos se venden a precios que van de los 5 a los 20 mil dólares, según asevera Nora Schulman.

La apropiación toma la forma jurídica de la adopción o directamente se fraguan las actas de nacimiento y los pibes se inscriben como propios.

En Argentina no existe la adopción internacional, y por eso el problema no es tan monumental como en Colombia o en otros países de América Latina. Schulman aclara: “así y todo, salen del país muchísimos bebés y no hay ningún tipo de control. Podés sacar un chiquito en un bolso y nadie te va a preguntar qué llevás”.

A la inacción del Estado se agrega “un problema de tipo cultural”, según explica la directora de CASACIDN: “el común de la gente piensa que es mejor que las madres pobres vendan un hijo a que lo tengan en malas condiciones”.

La titular de “Raíz Natal”, Patricia Mónica Peña, se alarma: “hay páginas en Internet que ofrecen chicos... Queremos que nuestras historias no se vuelvan a repetir”.

Pese a los pedidos para que se legisle sobre el tema, el tráfico de niños aún no está tipificado como delito penal. Al no estar prevista una figura específica –expone Schulman– “se utiliza un poco la Convención Internacional de los Derechos del Niño, otro poco el artículo del Código Penal sobre suposición y supresión de estado civil, que no es específicamente para eso...”. Además, hay otras formas jurídicas a las que se suele recurrir, como la de adulteración de documento público.

Un reclamo presente entre los integrantes de “¿Quiénes somos?” y “Raíz Natal” es que todos los delitos de apropiación sean considerados “de lesa humanidad”, lo cual los haría imprescriptibles. Así son los casos de los chicos secuestrados durante la dictadura, debido a que el Estado fue su responsable directo. Y como las leyes de impunidad sancionadas durante el primer gobierno constitucional no perdonaron el robo de bebés, cada vez que las Abuelas de Plaza de Mayo encontraron a un nieto pudieron llevar a la cárcel a los apropiadores.

 

La mente del apropiador

¿Qué hace a una persona capaz de apropiarse de otra, negándole su identidad? Los casos de la dictadura expresan una lógica siniestra: “¿cómo ese hombre de las fuerzas armadas o de seguridad puede tener un niño, verlo crecer, y verle los rasgos de su papá y su mamá, a los que él asesinó?”. Los interrogantes de Carlotto conmueven e indignan: “¿cómo sostiene esa crianza diciendo que lo quiere?”. El apropiador no trata al chico como su hijo, sino como un objeto: “un fetiche”, según la caracterización de Eva Giberti. Carlotto repite una historia que llegó a sus oídos: “una vez un marino mostró a sus camaradas un bebé y les dijo: ´ese es mi hijo´. Pero sabían que la mujer no podía quedar embarazada. ´Ese es mi hijo. Es hijo de guerrilleros. Y si me sale como el padre, lo mato´. ¡¿Qué amor puede haber en algo que le lleva de regalo, de presente griego, a su mujer?!”.

Por su parte, en el caso del tráfico “común” de bebés, según la titular de Abuelas se hace patente “la bajeza del ser humano: de robarle al pobre hasta el hijo. No sólo no le dan de comer, ni le dan trabajo, sino que también se quedan con el hijo, con la excusa de que va a estar mejor. La sociedad piensa así. En vez de ayudar a esa familia a vivir dignamente...”

Para Schulman, la mayor barbarie es la de los intermediarios, que “lucran con la desesperación de gente que quiere tener hijos... No digo que la compra de bebés esté bien. Pero hay quienes están lucrando con la desesperación de una pareja por tener un bebé y de una mamá que tiene que sobrevivir”.

¿Es posible querer a un chico y ocultarle sus raíces biológicas? Sonia Judith Castagnoli cree que no: “el amor es otra cosa: si vos querés a alguien, le decís la verdad”.

 

Silencios, secretos y mentiras

Muchas familias de crianza siguen ocultando la verdad aún cuando los hijos empiezan a buscar su identidad biológica. Varios integrantes de “¿Quiénes somos?” mencionan una y otra vez los “pactos de silencio”.

Mientras intentan armar el rompecabezas sobre sus propias vidas, apuestan a un cambio cultural que termine con esa costumbre de ocultar.

–Yo no estoy dispuesta a esperar ese cambio cultural –aclara a María Rosa otra víctima, Sonia, que llegó para consultar a “¿Quiénes somos?” mientras sus integrantes hablaban con esta revista. María Rosa justifica su postura:

–¿Sabés lo que pasa? Sino cierran todas las puertas... En mi familia, ya estoy casi en la tercera edad, ¿no te parece una ridiculez que no me digan nada?

–¿Qué motivos te dan?

–Hay un pacto de silencio.

–En mi caso también.

–¿Cómo hacemos entonces? Hay que lograr un cambio...

Para Peña, que se alejó de la primera organización para integrar “Raíz Natal”, “la sociedad tiene que empezar a ver a los chicos como sujetos de derecho y no como objetos”.

 

Logros, necesidades y reclamos

No todas las búsquedas llegaron a buen puerto, pero han ido generando herramientas que simplifican las pesquisas futuras. La lucha de Abuelas dio el primer empujón, que logró un avance mundial en la genética: investigadores norteamericanos hallaron un método efectivo para determinar lo que se llamó “índice de abuelidad”. Hasta entonces, los exámenes de sangre sólo podían demostrar paternidad. Las Abuelas reclamaban otro recurso para certificar la identidad del niño y poder reconocer a un nieto al que jamás habían visto. Luego promovieron la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos, lograda en 1989, y la incorporación del Derecho a la Identidad en la Convención Internacional de los Derechos del Niño, ese mismo año.

Finalmente, pidieron la formación de una Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) y de un centro de atención psicológica para los jóvenes apropiados. Creada en 1992, la CONADI recibe a quienes dudan de sus orígenes y sus funciones ya no se limitan a los chicos arrebatados durante la dictadura.

De todos modos, las búsquedas de las personas nucleadas en “Raíz Natal” y “¿Quiénes somos?”, y otras con casos similares, exceden a la CONADI y fueron atendidas por la Defensoría del Pueblo de la Nación. Ellos tienen también sus reclamos específicos.

Los integrantes de “¿Quiénes somos?” piden que el gobierno de la Ciudad reglamente el artículo 12 de la Constitución porteña, que reconoce el derecho “a conocer la identidad de origen”. También exigen la apertura de archivos y el acceso a libros de parto. “Ni el gobierno de la Ciudad ni el nacional nos contestan”, se queja María Rosa Pallone.

También pasa factura a los medios de comunicación: “vienen entusiasmados, pero cuando ven qué es este tema...”.

-¿Qué tiene este tema? –pregunta La Pulseada.

-El tema de la identidad... quieren que quede medio así para que la gente no empiece a reclamar (...) Una periodista de Clarín me dijo: “cómo vamos a hacer hincapié en la identidad”. Nosotros necesitamos difusión, pero tenemos principios. La del diario se levantó y se fue.

Peña remarca que “en la historia de nuestro país no se le ha dado buen resguardo a la memoria. Te encontrás con hospitales donde no es que no te quieren dar archivos sino que no hay ninguna ley que los proteja. Algunos han tratado a los libros de partos como libros contables, que después de diez o quince años se podían destruir o quemar”.

 

Enfrentar al espejo

Conocedora de la experiencia de los chicos restituidos, Carlotto se anima a definir que “acercarse a los orígenes es todo” y cuenta que “cuando los nietos recuperan su identidad, todos esos ‘porqué’ –por qué camino así, por qué me gusta pintar, por qué soy distraído, por qué tengo los ojos claros– se ven en el abuelo, en los tíos, en toda esa familia que es la propia”.

A tres años de organizarse, el balance de Peña es positivo: “Quedó claro que es difícil pero se puede buscar. Mucha gente ha podido descubrir toda su historia. Con que pudiésemos encontrar un sólo caso, ya basta para todo este trabajo”.

En eso, ambos grupos también coinciden: “Un solo encuentro emocionante vale la pena y un encuentro no emocionante, también vale la pena”, explica Lugones. Y comenta los conflictos que aparecen a la hora de la verdad: “Muchas veces te dicen: ´No, porque esta mujer ahora está casada y tiene hijos y va a producir un desequilibrio familiar´. Yo entiendo el padecimiento de esa señora y de sus hijos, pero ¿saben qué? Hay que entender que el padecimiento de la persona a la que le robaron la identidad es mucho más grande...”.

El pedido de que comprendan sus búsquedas es otra constante. En una ocasión, una prima le sugirió a María Rosa que acepte “que hay gente que tira y hay otra que recoge”. Pero ella le contestó con convicción: “si me tiraron, no me interesa en lo más mínimo. Yo quiero saber quién es mi mamá. Yo quiero conocer mis orígenes”. De eso se trata: de poder mirarse al espejo y saber quién está ahí.

 

CÓMO SOMOS

Las personas que luchan por el derecho a conocer su identidad biológica estuvieron unidas menos de dos años: luego, la organización “¿Quiénes somos?” se escindió y nació “Raíz natal”. El trabajo periodístico de La Pulseada no logró determinar con exactitud qué los diferencia: tienen las mismas búsquedas y realizan reclamos similares.

La división de ambas organizaciones deja un sabor amargo e inquieta. Si tan fuertes son los “pactos de silencio” de los victimarios, ¿por qué no enfrentarlos unidos? ¿por qué no hay “pactos de verdad”?

Patricia Peña (“Raíz Natal”) reconoce que “las búsquedas son las mismas” pero aclara: “nosotros tratamos de no buscar rencor, ni de tener problemas con las personas que llegan”. ¿Esa será la diferencia? El discurso de “¿Quiénes somos?”, sin embargo, también condena el rencor y el odio: “no lo fomentamos ni lo queremos”, dice María Rosa Pallone. Y la misma Rosa afirma que no trabajan con las Abuelas porque fueron “discriminadas por no pertenecer a la dictadura”... aunque los relatos iniciales de la organización hablan de un origen vinculado a Abuelas.

Estela Carlotto, por su parte, dice que los integrantes de “¿Quiénes somos?” “tienen una forma muy prepotente y agresiva”. A su vez, cuestiona el inicio tardío de sus búsquedas: “empezaron ahora, a los cuarenta o cincuenta años. ¿Qué hicieron antes?”.

En el fondo aparece una disputa por el funcionamiento de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, creada en 1992 a pedido de las Abuelas de Plaza de Mayo, que se ocupa –aclara Carlotto– de “la identidad no solamente de los chicos desaparecidos, sino también de otra gente que llega, que ha sido abandonada o robada, y que quiere saber quién es”. La titular de Abuelas reprocha el intento de “¿Quiénes somos?” para modificar la ley que creó la CONADI, buscando introducir su grupo en la conducción del organismo. “Les ofrecimos promover una ley especial para ellos, para que los que se nucleen como adultos que quieren encontrar su identidad lo hagan, pero con una ley específica, con caminos específicos. Nadie les niega nada. Lo que nos perturba es esa intromisión con una ley que está funcionando muy bien”, explica.

Soledad Lugones (“¿Quiénes somos?”) acusa a los organismos de derechos humanos de tener un doble discurso y de excluirlos por “no poseer un tinte político, cuando en realidad se está hablando de lo peor porque nuestros casos tienen que ver con las dictaduras económicas: el tráfico de niños, la prostitución...”.

No hay dudas: en Argentina estamos acostumbrados a la fragmentación y a discutir “quién es más víctima”. Carlotto cree que es porque “no nos hemos educado democráticamente. Y como no tenemos un sentido democrático, nos han enseñado la insolidaridad”.

El de quienes buscan sus raíces biológicas es un ejemplo más para una larga lista. Somos así. Históricamente el país ha tenido varias centrales sindicales. Entre los organismos que reclaman por verdad, justicia y castigo para los crímenes de la última dictadura hay Madres y Madres fundadoras; H.I.J.O.S. e HIJOS. Hay decenas de movimientos de desocupados con los mismos pedidos. A un mes de la tragedia de Cromañón, los familiares de las víctimas ya formaban varios grupos casi enemistados. Para qué hablar de los partidos de izquierda: entender las divisiones de ese sector político requiere un completo manual y mucha paciencia para los detalles.

De algún modo, la ruptura de “¿Quiénes somos?” también nos habla de una identidad: de nuestra identidad como sociedad, en un país deshabituado a la unión y el consenso.

 

Fan de su hermano

El reencuentro de los hermanos Gonçalves es uno de los 79 logros de las Abuelas. El padre de ambos fue secuestrado en 1976, al igual que su segunda esposa Ana María Granada. Gastón (h) tenía 7 años y vivía con su madre. Claudio había nacido ese año y estaba en su casa cuando fue ametrallada por las fuerzas represivas. Ninguna bala alcanzó su pequeño cuerpo: su mamá lo había escondido en un armario, envuelto en mantas. Un militar que participó del operativo lo encontró semiasfixiado y lo llevó al hospital. Luego fue dado en adopción. Sus padres de crianza, con quienes siguió viviendo tras conocer sus orígenes, no tienen ninguna relación con el terrorismo de Estado.

Gastón y Claudio crecieron separados. El primero siempre supo que su padre había sido asesinado. Se dedicó a la música y formó el grupo “Los Pericos”. Tuvo tres hijos a los que nunca ocultó la verdad: “odio a los militares porque me sacaron a mi viejo y porque me quitaron a mi hermano durante veinte años”.

El encuentro de los restos de Ana María por parte del Equipo Argentino de Antropología Forense permitió localizar al nieto y hermano buscado, a quien su familia adoptiva llamaba Manuel. Conocer su identidad biológica fue más que una sorpresa: Claudio era fanático de “Los Pericos” y había visto a su hermano de sangre tocar el bajo en varios recitales.

 

La misma nariz

Cuando era chica, a Graciela Palma le ponían broches en la nariz. “Los ponían la mayor cantidad de tiempo posible para ´afinar´ su comisura”, cuenta y recalca con su voz la palabra “afinar”: “Después me enteré de que no era porque no fuera fina; era como un estigma, como un sello: era la misma nariz de mi madre biológica”.

Vistos en perspectiva, los recuerdos de Graciela parecieran indicar que “nunca sentí que ese fuera mi mundo”. El gusto por el rock desde los 8 años y su interés por el arte, cuestionados en su crianza, son algunos ejemplos. Otro es su decisión de estudiar traductorado de ruso: “se armó un lío como si hubiese dicho que me iba a dedicar a robar bancos. Tengo cartas en las que le pido perdón a mi padre de crianza por estar estudiando un idioma que a él no le gustaba”. Y que no le resultó difícil aprender: “es como que pienso en ruso”, asegura.

Entre las pocas respuestas que tiene, supo que su madre biológica “sería rusa o polaca, que se hacía los controles en el Hospital Español de la Capital, que era pelirroja y que tenía la misma nariz que la mía...”.

Hoy se enorgullece al mostrar los parecidos entre las fotos de su hija Macarena y ella cuando tuvieron 5 años. Tienen la misma nariz. Y“parecerse a” la emociona profundamente.

 

Sangre negra

“En mi familia, jamás me dijeron ´negrita´, salvo un tío que lo decía muy a la pasada y mi mamá lo miraba con cara de pocos amigos”, recuerda María Rosa Pallone, una de las impusoras de “¿Quiénes somos?”: “Nunca se habló del tema de los negros... a lo mejor era para que no se destape mucho...”

María Rosa se acercó a sus orígenes hace más de tres años, cuando un análisis de sangre le indicó que tenía una enfermedad propia de la “raza negra”. Luego descubrió que su partida de nacimiento había sido fraguada.

Hasta entonces todo había sido secretos y mentiras: “era tal el pacto de silencio que todos lo sabían pero nadie me dijo nada. Ni dijeron, ni dicen”. Y ella nunca había imaginado esa posibilidad, porque sus abuelos paternos –de crianza– eran “muy morochos” y “yo podría haber pasado como una nieta de ellos”. Después aclara: “la gente cree que cuando el chico entra a una casa, deja su vida y su historia en la puerta, y no es así. El chico entra con todo”.

Al preguntarse por su verdadera identidad biológica, María Rosa inició una causa penal, pero el Poder Judicial la cerró porque sus padres de crianza estaban muertos: ya no había a quién demandar.

Una vez le preguntaron si hubiese sido mejor que la dejaran en un orfanato y no supo qué contestar: “en un orfanato hubiera tenido la posibilidad de que mis datos figuraran. Así no pude traspasar nunca el portón que me pusieron”.

 

“Se pagó por mí”

Cuando falleció la mujer que la crió, María Alejandra Pugliese tenía 16 años y creyó que su mamá había muerto. Y así lo entendió hasta que una vecina le recomendó que fuera a Gente que busca gente para encontrar a su madre.

Sus padres de crianza le habían dado todos los gustos: “mi mamá no me hacía una pollera, sino dos, iguales. Así, si me manchaba una me cambiaban en seguida y siempre estaba de punta en blanco”. Igual de exagerados eran para aislarla: “no hablés con nadie en la calle, no atiendas el teléfono”, le advertían, según contó a una periodista de Página/12.

El supuesto padre se suicidó a un año de la muerte de su esposa. Alejandra no comprendió por qué los familiares murmuraban frases como “no le corresponde nada”. Luego, al saber que era adoptada tuvo convulsiones y ataques de pánico que sólo pudo superar con ayuda de su hija. Y llegó a la Defensoría buscando sus raíces.

“Aunque la adopción es un acto de amor, quisiera saber por qué tuvieron que acceder a mí así... Sé que se pagó bastante para obtenerme y conseguir una partida de nacimiento legal”.

Alejandra ya tiene 35 años, forma parte de “Raíz Natal” y aún no sabe toda la verdad. El “tío Cacho”, un amigo de la familia que vivió con ellos, le confesó haberla ido a buscar a una casa en Mataderos. Pero eludió el resto de las preguntas: “No quieras saber la verdad”, le dijo antes de mudarse sin previo aviso.

 

La verdad como terapia

El derecho a conocer la identidad biológica adquiere una relevancia vital cuando de la salud se trata: la mayoría de las intervenciones requieren saber antecedentes médicos. Cuando hay dudas, se transmiten a la generación siguiente: “nuestros hijos tienen la mitad de su mapa genético”, explica Graciela Palma.

Sonia Judith Castagnoli recuerda las preguntas de su médico durante los embarazos: “¿Su padre era cardíaco? No sé. ¿Su mamá? No sé. ¿Diabetes? No sé. ¿Colesterol? No sé. Pero cómo, ¡vos no sabés nada!”.

Los interrogantes surgieron tras perder sus embarazos de varones: “fue una cosa bastante trágica y a mí se me puso en la cabeza que era algo genético. Todavía no me habían dicho que era adoptada pero yo lo sabía”. El psiquiatra que la trató propuso que exigiera a su familia de crianza que hablara:“me dijeron que sí, pero todo se quedó en el cuento...”. Eso fue hace 18 años, cuando Sonia tenía treinta. El ocultamiento de la verdad sigue.

Ella llegó a “¿Quiénes somos?” mientras La Pulseada entrevistaba a algunos de sus impulsores. “Me convencí de que no van a hablar. Esta es una familia que ha tenido secretos familiares muy importantes... Ya no soporto más”.

Pero Sonia aclara que no busca contenerse mutuamente, sino acelerar su pesquisa.

“No hay mejor terapia que saber la verdad”, le asegura y acierta Soledad Lugones, la psicopedagoga de la agrupación.

 

Fuente: La pulseada - Marzo 2005

Lunes, 29 de Junio de 2009 12:11 Autor: Lic. Claudia Santalla y Giselle Zarlenga. #. Tema: Derechos Humanos. No hay comentarios. Comentar.

Entregaba a sus hijas discapacitadas para que abusaran de ellas

Detienen a una mujer por entregar a sus dos hijas discapacitadas de 15 y 17 años para que las violaran

El episodio fue descubierto por un vecino. Los implicados serían el concubino de la mujer y otro hombre. Investigan más participaciones.

24.06.2009

Un vecino que sospechaba de las situaciones que se daban en el hogar de las niñas de 15 y 17 años, que padecen un leve retraso mental y problemas psicomotrices, se contactó con la asistente social Carla Arévalo en el Juzgado de Menores de la ciudad de San Francisco, quien dio intervención al fiscal del primer turno, Oscar Gieco. Las jovenes son de la localidad cordobesa de Colonia Prosperidad, cercana a San Francisco.

La madre de las adolescentes se llama Sandra Melano (39), su concubino es Carlos Bergero (39) alias "Johnny Bravo" y el amigo de ambos y acusado Daniel Lauch (30). Los tres están detenidos e imputados en el caso de la madre de las víctimas, por “corrupción de menores agravada”, mientras que a su concubino le corresponde la figura de “delito sexual altamente ultrajante”, y al tercer imputado el de “abuso sexual con acceso carnal altamente ultrajante” segun informó a Cadena 3 el fiscal que entiende en la causa, Oscar Gieco, quien además agregó que investiga la participación de más personas en los abusos; y que a pesar de ser un delito de instancia privada, actuaron de oficio y pudieron realizar a las niñas las pericias forenses correspondientes.

“Fue muy trabajoso tomar declaraciones a las menores ya que no pueden expresarse bien por su discapacidad. El psicólogo forense hizo muy buena labor”, acotó.

Noticia tratada en múltiples medios

Jueves, 25 de Junio de 2009 12:24 Autor: Lic. Claudia Santalla y Giselle Zarlenga. #. Tema: Abuso Sexual. No hay comentarios. Comentar.

ASESINAR A UN HIJO

"Desde hace unos años, a partir del caso Tejerina, el ministro de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni, en coincidencia con un grupo de legisladores nacionales, vienen impulsando que se reincorpore al Código Penal la figura del “infanticidio”, para reemplazar a la del “homicidio agravado por el vínculo”, en los casos de muertes de bebés provocados por sus madres “bajo la influencia del estado puerperal”. La condena, en esos casos, sería sólo de seis meses a tres años de prisión, mucho menor a la de "homicidio agravado por el vínculo".(Párrafo del texto periodístico reproducido al final de este artículo)

¿Interrumpir el desarrollo de un óvulo hasta los 45 días después de su fecundación es criminal, mientras que asesinan a un recién nacido sometiéndolo a al asfixia, tirándolo en la basura, dejándolo morir de frío es sólo consecuencia de un "estado de alteración mental"?.

El incumplimiento de los derechos humanos es un crimen, sin importar quien comete el delito y resulta más que obvio decir que "matar  es un crimen".

En casos como estos considero que FALLARON en todas sus responsabilidades y obligaciones, una familia, un sistema social, una comunidad y un Estado.

Y FALLARON A LO LARGO DE TODO EL PROCESO:

1. No proveyeron la ayuda y asistencia necesarias para que esta joven mujer accediera desde su infancia a sus derechos, aniquilando así su dignidad.

2. No proveyeron la cobertura asistencial integral a una mujer embarazada, cumpliendo con sus derechos así como también con los de la persona por nacer que se gestaba en su vientre.

3. Nadie actuó aun frente a todas estas claras señales de que estaban en riesgo la vida de dos personas, una adulta y otra por nacer.

Por tanto considero que los actores mencionados son cómplices necesarios en este homicidio del cual fue víctima una persona recién nacida y cuyo autor fue su propia madre.

Tampoco quiero olvidarme del hombre adulto partícipe necesario de ese embarazo, cuando no se responsabiliza de las consecuencias de sus actos, cuando no brinda el apoyo necesario a esa mujer que quedó embarazada luego de un hecho compartido con él, cuando abandona a un ser en gestación que sólo fue creado con su voluntaria participación, ¿acaso es válido pensar que es inocente?.

Es necesaria una política integral de garantía y cumplimiento de los derechos humanos (con las consecuentes instituciones idóneas para implementarla). Integral significa que obviamente deberá incluir un menú de políticas para cada uno de estos derechos, observando sus interrelaciones. En este caso específicamente:

1. Una política de educación integral que tenga como centro la dignidad de la persona y por tanto la igualdad en todos los aspectos de la vida respetando la diversidad y los géneros.

2. Una política de educación sexual efectiva y eficiente.

3. Una política de prevención de delitos sexuales y de ejemplar sanción a quienes los cometan

Sólo así niñas y niños podrán ejercer plenamente segun su grado de desarrollo biológico, su derecho crecer, educarse, informarse, protegerse y ser protegidos.

Sólo así los adultos podrán ejercer plenamente su derecho a decidir cómo, cuándo y con quién tener intimidad, y comprenderán por qué es requisito indispensable del ejercicio de todo derecho, el cumplimiento de las obligaciones devenidas a consecuencia de sus actos.

Será el Estado, en tanto todos y cada uno de nosotros en los roles que desempeñamos dentro de la sociedad y en nuestra comunidad, los garantes de estos procesos y de la asistencia integral a los más vulnerables en cada situación, tanto como de la efectiva sanción para quienes rehuyan cumplir sus obligaciones.

Hasta que estas condiciones nos se cumplan, la figura del "infanticidio" tanto como la del "aborto libre" me parecen una excusa hecha sólo a medida y beneficio de oscuros propósitos.

Lic. Claudia Santalla

El siguiente es un listado de artículos relacionados con el tema y publicados por Página12

Cómo era antes en el Código

El infanticidio estaba previsto en el artículo 81 inciso 2º del Código Penal. Pero fue derogado en 1994. Se le cuestionaba que el móvil que se esgrimía para atenuar la pena a la autora del homicidio del hijo recién nacido era el ocultamiento de la deshonra de la mujer adúltera o madre soltera. Con la intención de eliminar ese concepto arcaico y sexista, finalmente se borró por completo la figura penal, que contemplaba penas cuando el homicidio ocurría en el período puerperal. Las penas previstas iban de los seis meses a los dos años de prisión.

 

 

Los jueces que lo contemplan

Aunque el Código Penal actualmente no contempla una morigeración de la pena para casos en los que una mujer mata tras el parto a su hijo recién nacido, algunos tribunales siguen interpretando que algunos la merecen, aunque deben partir de un mínimo de 8 años. Por ejemplo, el 4 de noviembre de 2000 la Cámara del Crimen de Salta aplicó esa condena a una joven de 20 años que mató de catorce puntazos a su hijo recién nacido. En abril de 2001, el juez de Sentencia Nº 2 de Rosario dispuso la misma pena a otra mujer, M. L. G., por el crimen del bebé que acababa de parir. El caso más emblemático fue el de M. E. D., de 19 años, oriunda del pueblo cordobés de San Javier. Durante el juicio denunció que desde hacía diez años sufría violaciones sistemáticas de su patrón, para quien trabajaba de mucama: en una de ellas quedó embarazada. A la criatura la mató al nacer. Pero fue absuelta por el jurado integrado mayoritariamente por vecinos de la localidad cercana de Villa Dolores en noviembre de 2006.

El debate que abrió Romina Tejerina

Por Mariana Carbajal

El drama que envuelve a María Isabel Molina, la joven trabajadora golondrina de Catamarca detenida y acusada de “homicidio agravado por el vínculo”, por el asesinato de su bebé recién nacido, puso otra vez en primer plano la necesidad de reincorporar al Código Penal el infanticidio, una figura que existió en el país hasta fines de 1994 y que atenúa la pena a la mujer que mata a su hijo durante el nacimiento o luego, mientras se encuentra bajo la influencia del estado puerperal. Son casos aislados, con características muy especiales. Un proyecto de ley que avanza en ese sentido y fija una pena de seis meses a tres años de prisión obtuvo un amplio consenso en la Cámara de Diputados y está en condiciones de ser tratado en el recinto: promovido por legisladoras del oficialismo y de la Coalición Cívica, cuenta con el apoyo también de diputados socialistas, macristas y de partidos provinciales. Es más, en la sesión del 17 de diciembre estuvo incorporado en el temario del día, pero finalmente no llegó a votarse. Hoy la pena máxima prevista para este delito es de prisión perpetua.

“Son casos más necesitados de una urgente asistencia social, psicológica y a veces hasta psiquiátrica que de punición. Llevar estos casos trágicos a una pena de reclusión o de prisión perpetua me parece algo verdaderamente terrible”, es el argumento que sostiene el ministro de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni, en su defensa de la vuelta del infanticidio al Código Penal.

“Es una deuda que tenemos. Se trabajó mucho en el proyecto el año pasado y hay acuerdo de todos los bloques para volver a incorporar la figura del infanticidio. Tomamos el caso de Romina Tejerina como testigo”, señaló ayer a Página/12 la kirchnerista Juliana Di Tulio, presidenta de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia. La tragedia de la muchacha jujeña, que fue condenada a 14 años de prisión, movilizó a las legisladoras del Frente para la Victoria Nora César y Diana Conti y de la CC, Fernanda Gil Lozano, a presentar proyectos que devolvieran el infanticidio al Código Penal. Antes que ellas, la justicialista Juliana Marino, hoy embajadora en Cuba, y la ex diputada socialista María Elena Barbagelata habían elaborado proyectos con el mismo objetivo, pero nunca llegaron a discutirse.

Tras la derogación del infanticidio, el delito se considera un homicidio agravado por el vínculo, figura para la cual el Código Penal establece una pena privativa de la libertad perpetua, a menos que se considere que están presentes circunstancias extraordinarias de atenuación: en esas situaciones la escala penal aplicable es de 8 a 25 años de cárcel. En los fundamentos de su proyecto, César y Conti señalaron su discrepancia con esa respuesta punitiva, a la que consideran “desmesurada” porque “violenta el principio de proporcionalidad que debe existir entre la pena aplicable y el reproche al autor por el delito cometido”.

“No estamos creando una figura nueva. Es de absoluta justicia que se apruebe esta ley. A las mujeres que comenten ese tipo de delitos hay que contenerlas. No podemos revictimizarlas. Suelen ser chicas en situaciones de extrema vulnerabilidad”, dijo César a Página/12.

Los proyectos que reincorporan la figura del infanticidio se discutieron y consensuaron en 2008 en las comisiones de Legislación Penal y de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, donde obtuvieron dictamen de mayoría. Fueron invitados a exponer sus posturas sobre el tema, entre otros expertos, el ministro de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni, y el perito forense Mariano Castex, especialista en psiquiatría y psicología médica. Ambos apoyaron la iniciativa. Zaffaroni está a favor de la reincorporación de la figura del infanticidio hace ya varios años. Sostiene que es un delito muy raro en la ciudad de Buenos Aires, que por regla general ocurre en el interior del país. Y que es cometido por mujeres de muy escasa instrucción con antecedentes culturales de bastante aislamiento, algunos casos de debilidad mental superficial, muy escasa capacidad de comunicación, y que tienen partos en soledad, en baños, y muchas veces los productos van a dar a pozos ciegos.

El estado puerperal se presume y tiene criterio cronológico hasta la primera menstruación posterior al parto: se calcula que se extiende alrededor de cuarenta días. Se considera que bajo su influencia, la mujer que ha dado a luz puede sufrir –no todas lo padecen– ciertos trastornos psicológicos y por tanto su culpabilidad se encuentra reducida, explicó el forense Castex, en la Comisión de Legislación Penal.

El dictamen que está en condiciones de tratarse en el recinto lleva la firma de 29 diputados, entre ellos los kirchneristas Héctor Recalde, Carlos Kunkel, Claudia Bernazza y Alejandro Rossi además de Conti, Di Tulio y César. También lo apoyaron Marcela Rodríguez y Gil Lozano de la CC, las socialistas Silvia Augsburger y Laura Sesma, Mirta Pastoriza del Frente Cívico por Santiago del Estero y María Angélica Torrontegui, del puntano Frente Justicia, Unión y Libertad. En disidencia parcial firmó Juan Vega, de la CC, quien sostiene que hay que fijar un plazo máximo de 8 días posterior al parto para aplicar la figura para que no quede librado a la interpretación judicial ni pericial sobre el estado puerperal. En disidencia total se manifestó la ex Recrear Nora Ginzburg, vocera de los sectores más reaccionarios, y Hugo Acuña, del Movimiento Popular Neuquino.

Un drama en medio de la pobreza

Tiene 20 años, vive en Aconquija, Catamarca. Embarazada de ocho meses, indujo el parto. El bebé murió de frío y asfixiado dentro de una bolsa de nylon. Fue internada en terapia por una gravísima infección. Ya de alta, la detuvieron por homicidio.

Por Carlos Rodríguez

María Isabel Molina tiene 20 años. Vivía sola, lejos de sus padres, en una humilde vivienda alquilada de la localidad de Aconquija, en la provincia de Catamarca. Trabajadora golondrina, estaba embarazada de ocho meses y la semana pasada tomó una medicina que suele ser usada en los hospitales para provocar contracciones y ayudar al parto. Nació un bebé al que ella, según lo admitió ante la Justicia, colocó dentro de una bolsa de plástico –no se descarta que pensara que estaba muerto–, y lo dejó dentro de un balde, en el fondo de su casa. El niño murió “de frío y por asfixia”, según dictaminó la autopsia. Sin atencion médica, María Isabel estuvo a punto de morir ella también por una septicemia generalizada, pero sobrevivió luego de varios días en terapia intensiva. Hoy está detenida, en Andalgalá, acusada de “homicidio agravado por el vínculo”.

“Es cierto, como usted dice, que es una chica pobre que ha vivido situaciones muy difíciles y en soledad. De todos modos, la ley me marca que la tengo que acusar por homicidio calificado por el vínculo.” Con evidente emoción en su voz, la fiscal de Andalgalá Martha Graciela Nieva le confirmó a Página/12 la detención de María Isabel Molina en una sala de la comisaría local, durante el día, y por la noche en una habitación del hospital, con custodia policial. “Acá no tenemos comisaría de la mujer y no podemos ponerla en una celda, junto a presos varones”, explicó Nieva.

“Si el niño hubiera muerto dentro del vientre materno, no habría acusación alguna por homicidio, pero la autopsia determinó que vivió unos minutos y que falleció por frío y por asfixia”, insistió la fiscal, que se entrevistó con la joven, una vez que le dieron el alta en el hospital donde estuvo internada. “La chica, que desde hace cuatro años trabaja como ‘golondrina’ en las épocas de cosecha, alquilaba una vivienda muy humilde donde vivía sola. Mantenía algún contacto con su padre, que vive en Tucumán, y está enemistada con su madre, a la que no ve desde que ella se fue a vivir sola, cuando tenía apenas 16 años”, relató Nieva.

La chica tenía relación con tres amigas suyas a las que, a pesar del vínculo, les negó hasta último momento su embarazo evidente. “Una de esas amigas la visitó en su casa el martes 16 y encontró todo manchado de sangre. La joven estaba muy mal de salud, por lo que su amiga fue a pedir ayuda a los médicos del Hospital de Aconquija”. Una médica fue hasta la vivienda para hacerle un examen clínico a María Isabel Molina, quien fue internada en ese centro de salud. Estuvo varios días en terapia intensiva, porque presentaba un cuadro de “septicemia generalizada”. La fiscal Nieva confirmó que “estuvo en gravísimo estado por una infección muy importante. Eso se debió a que tenía la placenta dentro del cuerpo. Se la extrajeron, la limpiaron y estuvo en terapia intensiva hasta el sábado pasado”.

“Una de las amigas declaró que ella le preguntó ¿qué pasó con tu bebé? y ella le respondió que nunca había estado embarazada. ‘No tuve ningún bebé’, le dijo.” Al chico lo encontraron muerto en la casa. Los médicos encontraron en la casa elementos que demostraban, según la fiscal, que hubo “un aborto inducido”. De todos modos, si el embarazo estaba ya en los ocho meses, no debería hablarse de un aborto sino de un parto inducido. María Isabel le contó a la médica que había tomado una pastilla de Oxtra Prost, una medicación que se indica, en su forma original, para problemas de gastroenterología, sobre todo para pacientes con úlceras.

Sin embargo, desde hace unos años, en más de 80 países del mundo es usado en los hospitales por profesionales de ginecología y obstetricia para ayudar al trabajo de parto. El medicamento tiene una droga que se llama misoprostol y que ayuda a producir contracciones. Los médicos que asistieron a María Isabel dieron aviso a la policía y la joven pasó, de paciente en peligro, a detenida acusada de homicidio. Desde hace unos años, a partir del caso Tejerina, el ministro de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni, en coincidencia con un grupo de legisladores nacionales, vienen impulsando que se reincorpore al Código Penal la figura del “infanticidio”, para reemplazar a la del “homicidio agravado por el vínculo”, en los casos de muertes de bebés provocados por sus madres “bajo la influencia del estado puerperal”, antes, durante o inmediatamente después del parto. La condena, en esos casos, sería sólo de seis meses a tres años de prisión.

 

Martes, 23 de Junio de 2009 11:07 Autor: Lic. Claudia Santalla y Giselle Zarlenga. #. Tema: Derechos Humanos. No hay comentarios. Comentar.

Intimidades de la sentencia a un cura "de piedra"

Adentro de la sala, el sacerdote no se inmutó cuando escuchó la sentencia. El alivio de Portal y las lágrimas de Miriam Lewin. Qué pasó con los chicos.


“15 años de prisión”. Las palabras emitidas por el presidente del Tribunal Nº1 de Morón, Luis María Anduela, retumbaron en la pequeña Sala que se convirtió en el escenario de una condena histórica. Por encima de él, una gran cruz de madera, un detalle extravagante. A su derecha, el "hombre de Dios" Julio César Grassi escuchaba la lectura de la sentencia sin inmutarse. No parpadeaba, no movía las manos, no sonreía ni fruncía el ceño. Nada.

 

Frente a él, los abogados Juan Pablo Gallego, Sergio Daniel Piris y Jorge Luis Calcagno formaban una especie de muralla entre el cura pedófilo y los tres jóvenes que se animaron a acusarlo. A ellos, los chicos, se los notaba más nerviosos y expectantes.

Sentado al lado del forense Enio Linares, Raúl Portal atendía sin perder detalle de ninguna de las palabras inmortalizadas en la sentencia de la causa Causa Nº 2438. Una mueca de satisfacción brotó de sus labios al escuchar la absolución, luego de la condena por el caso del joven llamado Gabriel. En ese mismo momento, Luis y Ezequiel bajaron la mirada, sin decir nada, al igual que Estela de Carlotto que, en cambio, hizo una mueca de disgusto.


Desde el momento en que los jueces ingresaron, la tensión inundó la sala repleta de periodistas (de medios nacionales). Entre ellos, Myriam Lewin seguía sin pestañar los dichos del magistrado hasta que éste dijo: “15 años de prisión”. La periodista más atacada por los cómplices del sacerdote, respiró aliviada y unas lágrimas cayeron de sus ojos claros.

Grassi, seguía sin cambiar su gesto despreocupado, ni siquiera expresó alegría cuando el Tribunal lo absolvió de los hechos de abusos denunciados por Luis y Ezequiel. Sabía muy bien que la Justicia no iba a ordenar su detención, se aseguró de que así fuera antes de presentarse en el edificio ubicado en las calles Almirante Brown y Colón.

Luego de la lectura, la Sala se vació y vinieron las declaraciones de los protagonistas:


Enio Linares: “Es un peligro para la sociedad”.
Raúl Portal: “Estoy feliz, esto es una victoria: de tres chicos, lo condenaron por uno”.
Estela de Carlotto: "Nos queda nada más el consuelo de que no fue absuelto".
Osvaldo Grassi: “Mi hermano es inocente”.
Federico Nieva Woodgate: “Hay que seguir luchando. Esta condena no es suficiente”.
Julio César Grassi: “Soy víctima de una injusticia”.

Pero, pese a la condena, esta historia no ha llegado a su fin, debido a que los abogados de los damnificados no piensan quedarse con los brazos cruzados, apelarán el fallo por considerarlo “insuficiente”. Y no están solos. Lo acompañarán en la epopeya intelectuales, periodistas, profesionales de la salud y organismos por los derechos del niño. Por ello, esta sentencia es sólo el principio.

Todavía, el final está abierto

Fuente: 24.con

Jueves, 18 de Junio de 2009 01:22 Autor: Lic. Claudia Santalla y Giselle Zarlenga. #. Tema: Caso Padre GRASSI (abusos a niños). No hay comentarios. Comentar.

PACO $1.300 MILLONES X AÑO Y MILES DE MUERTES DE NIÑOS Y ADOLESCENTES

El negocio del paco mueve por año $ 1300 millones

tráfico de esa droga factura más que muchas grandes industrias

Lunes 15 de junio de 2009

Daniel Gallo
LA NACION

Las denuncias de madres alarmadas por el consumo de drogas de sus hijos y la alerta lanzada por los sacerdotes que trabajan en villas de emergencia dejaron al descubierto el negocio del paco, que quedó instalado con fuerza en la agenda pública en las últimas semanas. El tráfico de la pasta base de cocaína supera la facturación de muchas de las empresas más importantes del país: mueve por año más de 1300 millones de pesos, según estimaciones que surgen de los números oficiales sobre su consumo.

Supera por mucho la facturación de todas las salas de cine, estimada en 360 millones de pesos anuales, y la venta de los sellos discográficos, de $ 640 millones. Y casi se equipara con la comercialización de maquinaria agrícola, que en el primer trimestre de este año rozó los $ 300 millones.

Si fuera una empresa, el paco se intercalaría entre los puestos 70 y 80 del ranking de facturación de las compañías argentinas. Alcanza el nivel de ventas de un trimestre de los shoppings de la ciudad y supera los $ 900 millones anuales de una cadena de comida rápida y los $ 180 millones de la principal cadena de maxiquioscos de la Capital.

La Secretaría de Lucha contra la Drogadicción y el Narcotráfico (Sedronar) dio a conocer en sus últimas estadísticas que hay unos 85.000 consumidores de paco, mientras que un trabajo de la Subsecretaría de Adicciones de Buenos Aires permitió en 2007 establecer una media de 7,5 dosis diarias de paco que compra cada consumidor.

Si se entrecruzan esas estimaciones oficiales con el precio promedio de $ 6 por paco, que es reconocido por fuerzas de seguridad y por adictos en recuperación, la magnitud del negocio permite visualizar las razones de su explosiva instalación. Son más de $ 1300 millones anuales.

Expandido ahora hasta en las clases medias, con puntos de venta fuera de las villas y consumidores de mayor poder de compra, el comercio del paco supera en facturación a los más importantes negocios legales.

"Tomar conciencia del dinero que mueve el paco debería hacernos pensar en qué hacen las autoridades para investigar este gran negocio", dijo Claudio Izaguirre, presidente de la Asociación Antidrogas de la República Argentina.

Izaguirre cree que la facturación del comercio de paco es aun mayor de lo que se calcula. "Las dosis diarias de cada adicto son entre 20 y 40; además, las ONG que trabajamos en este tema estimamos que hay 180.000 consumidores y el precio de cada dosis ha aumentado por el acceso a las clases media y alta", agregó.

Organizaciones precarias

Por el momento, este comercio de cifras impresionantes no se cartelizó, sino que es controlado por bandas desconectadas entre sí, explicó un ex funcionario de seguridad que conoce a fondo la mecánica de las operaciones de estos grupos de narcotráfico.

"No son organizaciones complejas, sino bandas que trabajan en un solo lugar, que se ocupan de todas las etapas del proceso: la obtención de la materia prima, el preparado y la venta", indicó aquel hombre, que por sus responsabilidades públicas aceptó la conversación en off the record .

Vale ese testimonio para conocer algunas de las razones que llevaron al auge del paco. Una de esas sería el enfoque dado por la justicia federal a la lucha contra el narcotráfico, al preferir la detección de grandes redes de narcotraficantes transnacionales, con la mira puesta en los canales de entrada y salida de la droga.

En medio de esa estrategia, se "coló" un negocio que empezó a crecer en 2002, cuando un solitario vendedor en la villa Itatí, en el sur del conurbano, comenzó a vender dosis de paco a un peso, en un proceso multiplicado ahora por miles en cantidad de bocas de expendio y de consumidores.

Desfederalización

Los investigadores bonaerenses entienden que pudieron actuar mejor contra el paco con el cambio en el procedimiento penal que les permitió atacar la distribución a pequeña escala con la justicia provincial.

Aquellos que impulsaron la ley de desfederalización de la lucha contra el tráfico de drogas afirman que eso supuso un paso adelante.

Al avanzar en la detención de vendedores de paco, la seguridad bonaerense descubrió que esos grupos no tenían relaciones entre sí y que comercializaban su producto por canales paralelos a los de otras drogas. Aunque se vieron algunos intentos de asociación a partir de que el paco ya es un nombre genérico, que designa más a una droga barata para ser fumada que a un compuesto estupefaciente específico.

La articulación de alguna precaria red se produjo en asentamientos del conurbano, con la distribución de paco derivado de cocaína de muy baja calidad mezclada con otros productos químicos. Por el momento, no se habría forjado un cartel del paco, pero el impresionante volumen de facturación anual podría volver apetecible hacer el intento por controlar el mercado.

Eso preocupa a las autoridades. El gobierno de Daniel Scioli, que hizo de la lucha contra el paco una de sus banderas, desplegó una estrategia complementaria a la judicial frente a este negocio: las casas en las que se descubre que hay venta son demolidas por topadoras si están en terrenos usurpados, como los de una villa. Con esa determinación, la administración provincial intenta enviar un mensaje de dureza para desalentar a familias que pudieran sentirse seducidas por los beneficios espurios del comercio de drogas.

El gobernador bonaerense hizo ayer declaraciones periodísticas sobre la lucha contra el narcotráfico. "Si hay un gobierno que está combatiendo el tráfico de drogas, es el mío", dijo. Y agregó: "Yo voy a fondo. Hay narcotraficantes presos y se secuestraron cantidades de paco, marihuana, cocaína. Asumí un compromiso personal e institucional en esta lucha".

De todas maneras, el récord de 70.000 dosis de paco secuestradas el año pasado por la policía bonaerense representa menos del consumo de un día de los adictos. El mes último, en un operativo en Wilde, se encontraron 8000 dosis de paco, en lo que resultó el mayor golpe individual a los proveedores de esta droga.

Líneas al exterior

Aquellos que han investigado con las agencias gubernamentales esta forma de narcotráfico aseguran que el paco nació en la pobreza como una forma ilegal de supervivencia para familias marginadas, que vivían así de la adicción de sus propios vecinos. Casi como un "rebusque", sin una estrategia detrás de ese negocio, como ocurre con otras líneas de drogas, como las sintéticas, en las que la capacidad de planeamiento y logística de las narcobandas internacionales opera incluso en la organización de sus propias fiestas electrónicas, las llamadas raves para facilitar e incentivar el consumo.

Para Izaguirre, en cambio, bandas con ramificaciones internacionales operan de forma tercerizada con organizaciones más "caseras" de vendedores de drogas.

"Hay grupos que se dividieron las zonas. Los colombianos trabajan por el norte de Buenos Aires y el sur de Santa Fe; los mexicanos se quedaron con las zonas portuarias; los peruanos se instalaron en la villa 1-11-14; los paraguayos, en Villa Soldati, y los bolivianos, en Liniers. Cada grupo armó su red local y permitir la comercialización del paco es el pago que hacen por la protección de sus cocinas de producción de cocaína", afirmó Izaguirre.

 

Fuente: La Nación - 15/06/09

Martes, 16 de Junio de 2009 11:08 Autor: Lic. Claudia Santalla y Giselle Zarlenga. #. Tema: ADICCIONES. No hay comentarios. Comentar.

AQUÍ PACO, ALLÁ CRACK

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CUALQUIER PARECIDO CON ARGENTINA

ES PURA CAUSALIDAD....

MISMAS CAUSAS, MISMOS CRÍMENES, MISMAS VÍCTIMAS..... "LAS NIÑAS"

AQUÍ LAS SECUESTRAN Y LAS DROGAN CON PACO PARA REDUCIRLAS A LA SERVIDUMBRE Y CONVERTIRLAS EN ADICTAS, ALLÁ, CON CRACK.....

Noticias de un invierno perverso

Por Eric Nepomuceno *

 

La verdad es que últimamente olas inmensas no son novedad en los otoños e inviernos de Río. No por ellas este invierno quedará en la memoria como un tiempo perverso. Hay otras noticias, más duras, que mantienen incólume una de las grandes características de la realidad brasileña: la de contrastar al mismo tiempo maravillas y horrores, las alegrías de la vida y las pesadillas de la miseria humana.

Por estos días los diarios traen historias abrumadoras sobre prostitución infantil en Río de Janeiro, la Ciudad Maravillosa. Esa modalidad de perversión siempre existió en Brasil, pero en Río era algo menos evidente. El aumento de ese mercado humano es lo que impacta.

Las hay de todo tipo, jóvenes muy jóvenes, con características físicas variables –algunas muy delgadas, otras muy bajitas, unas más altas y también las que tienen cuerpos un tanto desarrollados para su edad– y dispuestas a todo. Hay que pagar un precio, por supuesto. Pero nada que signifique una barrera insuperable. Algunas de las que se ofrecen en barrios de la zona sur (Copacabana, en especial) valen 50 reales, es decir, unos 90 pesos argentinos o, según las exigencias del cliente, unos 80 reales, algo así como 150 pesos. Atienden en coches estacionados o en veredas mal iluminadas. Acarrear a una de esas chicas para hoteles de Copacabana puede llegar, por supuesto, a precios más exuberantes: 250 reales, unos 450 pesos, sin contar la habitación.

En la otra vertiente de ese comercio, en el centro y en barrios más lejanos, están las desesperadas, que piden casi nada: dos o tres reales, menos de cinco pesos. Y es precisamente en ese extremo que están las más jóvenes. Estamos hablando, entre todas esas franjas de precio, de niñas de entre diez (sí, diez) y quince años.

Todas, sin excepción, obedecen a la regla más estricta: pagar la cota del día. Y en ese punto, hay dos variantes. En la primera, las cotas son para narcotraficantes (los más flexibles, y cuyas tasas oscilan alrededor de los 50 reales por día de cada niña bajo su control). En la otra, están los policías (en general integrantes de grupos paramilitares, las milicias que disputan cada centímetro de terreno con los narcos y que son formadas por hombres de la policía civil, de la policía militar y hasta del cuerpo de bomberos). Esos son más duros: cobran un porcentaje por cada “programa” y obligan a las muchachas a cumplir con por lo menos seis “programas” por jornada. Hay casas que sirven como una especie de depósito, donde se alojan diez o quince niñas que descansan por el día y son puestas a trabajar por las noches. La única vida disponible es ésa: de casa al trabajo, del trabajo a casa, siempre bajo el control de sus dueños.

La verdad es que en esta ciudad –que parece acostumbrada a todo, o casi todo– la noticia llamó la atención principalmente por algunos detalles. Por ejemplo, la edad de las protagonistas. Algunas de esas niñas escuálidas, casi raquíticas, hilitos vivientes, llegan a los trece años consumidas por los “programas” y las drogas. Los precios bajos –de dos o tres reales– corresponden a una dosis de crack, la más letal de las drogas.

Por muchos años los traficantes de Río, encastillados en las favelas, impidieron la entrada de crack en el mercado local. Más que por cuidar la salud pública, por una cuestión esencialmente empresarial: la cocaína y la marihuana dejaban márgenes de ganancia mucho más interesantes. El crack, sobra de sobras, era y es demasiado barato para compensar la estructura del negocio y además suele matar a sus usuarios en poco tiempo. No permite que se instale una clientela fija. En San Pablo, la droga hizo desastres. Hay una zona del centro urbano conocida como crackolandia, reducto de consumidores reducidos al último peldaño de la condición humana.

Ahora, resulta que los mismos traficantes de cocaína y marihuana optaron por abrir nuevos frentes de comercio, y el crack llegó a Río. Con él, aumentó la prostitución infantil. En tiempos de crisis, nada como expandir negocios. Al bajar los precios de los “programas” y ofrecer alternativas nuevas –niñas muy jóvenes– traficantes y milicianos hacen su verano en pleno invierno.

* Periodista y escritor brasileño.

Fuente: Página 12

En la foto: Cristina Kirchner y Lula da Silva reclamaron un lugar activo del Estado en la defensa del empleo. También coincidieron en pedir la incorporación de la OIT al G-20 y en llamar a “respaldar la producción y no la especulación”

 

Por estos días hubo ventarrones fuertes, nacidos de ciclones que se levantaron sobre las aguas del Atlántico, algunas millas en el mar abierto frente a la ciudad de Río de Janeiro. Surgieron olas de más de tres metros de altura sobre las playas de Ipanema y Leblon, que atrajeron turistas cautelosos en la costanera y surfistas osados en el mar. Algunos pocos despistados padecieron las consecuencias de su distracción y volvieron a casa empapados de la cabeza a los pies. Caetano Veloso, por ejemplo, se puso de espaldas al mar, cerquita de la arena, para ser fotografiado para un reportaje. No se dio cuenta de la ola que crecía ni del chorrazo de agua que se armaba y explotó sobre su delgada figura. Supo reírse de su desatención y el incidente no llegó a ser noticia.
Martes, 16 de Junio de 2009 10:38 Autor: Lic. Claudia Santalla y Giselle Zarlenga. #. Tema: Explotación Sexual. No hay comentarios. Comentar.

NO PUEDES CALLARLO

DENUNCIA EL MALTRATO Y EL ABUSO DE NIÑOS SIEMPRE!

Lunes, 15 de Junio de 2009 04:20 Autor: Lic. Claudia Santalla y Giselle Zarlenga. #. Tema: Derechos Humanos. No hay comentarios. Comentar.


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