Julián y nosotros
22/02/08Carlos del Frade
(APe).- Julián tiene dos años y siete meses de edad y apenas pesa nueve kilos.
Julián está desnutrido.
Julián no puede pensar en el futuro porque el presente le está comiendo la vida, porque el hambre le devora el cuerpito.
Julián es un chiquito argentino que sobrevive en Bariloche, meca del turismo nacional e internacional. Postal repetida del consumismo, la superficialidad, los chocolates en rama y el Lago Nahuel Huapí ahora promocionado porque allí pueden bañarse los que disfrutan de esas existencias que los padres de Julián no tienen.
Porque a Julián no lo está devorando el hambre, lo está tragando la injusticia social.
La molesta injusticia social que no debería entrar en ninguna noticia procedente de Bariloche porque afea la foto, lastima la postal y convierte en agrio cualquier buen chocolate de exportación.
Pero allí está Julián y los que quieren abrazarlo, los que quieren pelear contra tanta mascarita feliz y tanta maqueta de ocasión que quiere multiplicar la idea sobre una Bariloche invicta de pobreza y desesperados.
Pero allí está Julián y la gente que lo quiere, que quiere que Julián viva. Porque tiene derecho. Julián tiene derecho a vivir aunque los constructores de postales y máscaras ignoren la pobreza a la que fue condenada su familia y se mantengan indiferentes ante la cabalgata ya desatada de la muerte a través de la desnutrición que siempre puede ser evitada.
Julián vive en una casilla de tres metros por tres, sin agua, sin posibilidad de reparo alguno, denuncia Iris Muñoz, directora del Centro Comunitario “Gotitas de esfuerzo”, esa gente obstinada que se rebela ante la naturalización de las condenas que impone el sistema y la hipocresía.
-Es una situación terminal. La gente le trae la leche que necesita y cuando lo ven salen horrorizados. No pueden creer que pase esto en Bariloche... La comunidad tiene que ayudar para que Julián no se muera porque luego de pedir ayuda al Estado durante un año nos dimos cuenta que no llega ninguna ayuda -confiesa Iris al borde de esa desesperación humanista tan cargada de dignidad, tan ajena a las postales, el chocolate en rama y el Bariloche siempre artificial e indiferente al drama que viven sus empobrecidos.
En la casa, en esa casilla de tres por tres, Julián no puede seguir el tratamiento médico que le dieron. Nadie le puede comprar una leche especial que cuesta nueve pesos cada doscientos cincuenta gramos.
Tampoco pueden darle una habitación adecuada porque está hacinado junto a su mamá y hermana en esa amorfa figura geométrica que dibujan las chapas que tampoco tiene agua potable. Porque hay muchos hogares que como el de Julián no tienen agua potable en la Bariloche del tercer milenio.
Pero Julián tiene que vivir, porque es imprescindible hacerse carne que no es posible admitir ni un pibe menos en la Argentina del pan y las riquezas de fantasía. El hambre es un arma de los criminales de guante blanco.
Y allí, pegadito a Julián, están las compañeras de “Gotitas de esfuerzo” que no solamente quieren salvarlo al pibe sino también y quizás sin saberlo, nos están salvando a nosotros, los que miramos para otro lado, los que miramos las postales de Bariloche; nosotros, los cómplices por pura indiferencia.
Fuente de datos: Agencia Pelota de Trapo - Diario Río Negro 16-02-08
Miércoles, 27 de Febrero de 2008 16:06 Autor: Lic. Claudia Santalla y Giselle Zarlenga. #.

