Ser o no un excluido del futuro y “Los celulares también son una herramienta de aprendizaje”
por Laura Hojman (*)
En ese entonces, afloraban las nuevas tecnologías, de un modo lento y tal vez imperceptible en la Argentina, principalmente para jurisdicciones y barrios humildes y populares como ciertos cordones del conurbano. Y se desataba la controversia sobre si esos chicos con grandes carencias, primero tenían que recibir comida, calzado y otros cuidados básicos, antes que Internet.
El ex funcionario explicaba en los largos debates que "los chicos tienen el derecho de recibir alimentación y de manejar las nuevas tecnologías por igual. Tienen que tener la misma oportunidad de recibir los nuevos conocimientos como otros alumnos", sentenciaba por entonces.
Hoy a la distancia, puede apreciarse que aunque estas tecnologías no estén presentes en el hogar -ni quizás lo lleguen a estar alguna vez- los chicos y jóvenes se manejan con ellas, desde distintos lugares y maneras.
En lugares públicos como escuelas, bibliotecas, universidades y en privados como ciber y locutorios, se familiarizan a diario con la informática, la telefonía celular y otras tecnologías.
Además en los países centrales las TIC ya tienen su lugar en la utilización educativa, muchas veces como auxiliar otras como herramienta principal en la enseñanza a distancia.
Este es el desafío que se presenta a nivel mundial: estar dentro o fuera de las nuevas tecnologías, ser o no un excluido de este nuevo mundo del conocimiento.
Días pasados, esta cuestión fue uno de los ejes del seminario internacional "Cómo las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) transforman las escuelas", organizado por UNICEF Argentina y el Instituto Internacional de Planeamiento Educativo (IIPE- UNESCO).
Participaron más de 450 personas, entre ellas especialistas internacionales, ministros y funcionarios nacionales y provinciales, directivos y docentes de Argentina, Chile, Brasil, México, Paraguay y Uruguay.
Margarita Poggi, Directora de IIPE/UNESCO, señaló que el Seminario contribuyó al debate y la reflexión sobre la inclusión de las TIC en el ámbito educativo, "tanto en su perspectiva política como pedagógica".
Poggi destacó que las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación "están dando lugar a fuertes transformaciones socioculturales que afectan tanto a las sociedades y a sus gobiernos, como a sus industrias, sus comunidades y sus individuos".
Sostuvo que frente al escenario mundial de concentración y exclusión, es vital que estas nuevas tecnologías, y las oportunidades que ellas crean, puedan ser usadas para cruzar la brecha entre los "incluidos" y los "excluidos" de manera tal que todos puedan tener acceso al crecimiento y al desarrollo sustentables.
La representante de UNICEF en Argentina, Gladys Acosta Vargas, sostuvo que "el efectivo cumplimiento del derecho a la educación puede fortalecerse sustancialmente con los avances tecnológicos, a través de entornos de aprendizaje formal, no formal e informal que una estructura de red, como la de Internet, facilita".
Sin embargo, destacó que esto no puede debilitar a la escuela, que dijo "constituye la institución donde niños, niñas y adolescentes deben estar, no solo para acceder a información y conocimientos sino para garantizar los procesos de socialización, inclusión y formación de ciudadanía entre otros valores prioritarios".
Pedro Hepp, Doctor en Ciencias de la Computación y Director de la Fundación País Digital, enfatizó el papel que las TIC cumplen en América Latina para reducir la brecha en la distribución y acceso al conocimiento: "A mayor pobreza, mayor impacto positivo de las tecnologías en la escuela".
Nicholas Burbules, Doctor en Filosofía de la Educación de la Universidad de Stanford y profesor de la Universidad de Illinois, remarcó el carácter ubicuo de la tecnologías, así como también los riesgos y promesas asociados comúnmente a ellas.
"Resulta poco efectivo prohibir la utilización de celulares en las escuelas, representa un desafío incorporarlos como herramienta de la educación. Las TIC contribuyen a romper las barreras del aula y a posicionar a la escuela como nodo de las interacciones entre los jóvenes y la tecnología" afirmó Burbules.
Así es como la incorporación de las TIC en la sociedad en general, y en la educación en particular, se encuentra ligada con políticas de equidad y este es el desafío que aguarda a funcionarios y futuras generaciones.
(*): DyN.
“Los celulares también son una herramienta de aprendizaje”
Nicholas Burbules es doctor en Filosofía de la Educación de la Universidad de Standford, Estados Unidos. Estuvo recientemente en la Argentina para participar en un seminario sobre la relación entre las tecnologías de la información y la comunicación y la educación. Tecnofílico y provocador, asegura que la gente es más inteligente si se junta y si hace uso de las nuevas herramientas. Y habla del déficit de los educadores como de algo totalmente novedoso: “ Tal vez en la historia de la humanidad nunca sucedió que los alumnos supieran más que los maestros”, arriesga.
Mientras que en la Argentina el uso de los celulares en la escuela es motivo de discusión y hasta existen algunos proyectos legislativos que contemplan su prohibición en los establecimientos educativos, el doctor en Filosofía de la Educación de la Universidad de Standford Nicholas Burbules propone que se incorporen en las prácticas de enseñanza.
“ Para los educadores sería más fácil pensar en incorporar las tecnologías que los alumnos tienen, y con las que se sienten cómodos, que tratar de hacer que los alumnos usen las tecnologías más caras, o que para usarlas deban trasladarse a algún lugar, como las computadoras. Sucede que los celulares no son solamente teléfonos: son mensajes de texto, un grabador de voz, una cámara digital, permite hacer videos, es una computadora en sí misma. Sólo como ejemplo: tal vez un profesor podría tener en una clase alumnos que entrevisten gente, sacarle fotos con cámara, grabarlo y enviar el material por el celular. Es decir, no es un teléfono sino que es una herramienta de aprendizaje”, señaló Burbules en esta entrevista.
—¿Cree que los cambios tecnológicos derivan en transformaciones sociales?
—Seguro. Las tecnologías tienen efectos directos e indirectos: los directos tienen que ver con lo que usamos todos los días, e-mails, computadoras. Y los indirectos son los cambios en el conocimiento de las personas, de su identidad, las relaciones entre las demás personas y los cambios sociales y culturales que se producen en ellas. Para ponerle un ejemplo de estos días: You Tube tiene un efecto tremendo en cómo la gente comparte la cultura. Gente individual que está creando cultura y la comparte, comunidades que se construyen alrededor de estos recursos compartidos. Creo que estas creaciones sociales son los desarrollos más importantes y transformadores de la tecnología. No son sobre la tecnología en sí misma sino cómo las personas usan la tecnología.
—¿Hablaría entonces de una inteligencia colectiva?
—Sí, una inteligencia tanto tecnológica como social. Yo soy más inteligente si uso una computadora que si dejo esa posibilidad de lado. Pero soy más inteligente no porque sí sino porque comparto mi información con otra gente que comparte a su vez información. Por eso nosotros somos más inteligentes que yo solo.
—¿La ubicuidad en los dispositivos que usan los jóvenes tiene que ver con el desdibujamiento de las fronteras de la escuela?
—Yo creo que el hecho de esta ubicuidad que proponen las nuevas tecnologías hace muy difícil cualquier tipo de control. Entonces, los padres, la familia, la escuela y otras instituciones del estilo van a tratar de imponer el control. Pero no son los únicos lugares en donde los jóvenes encuentran tecnología; hoy son muy inteligentes y la hallan en diversos sitios. La ubicuidad de las tecnologías hace difícil estar monitoreando permanentemente lo que el otro hace. Por eso, los controles internos y el juicio propio es mejor que el control tecnológico o externo. Porque eso es lo que los jóvenes siempre tienen con ellos: su propio juicio.
—¿Por qué cree que la primera medida de los adultos siempre es, ante los peligros de Internet, prohibir en vez de buscar alguna solución más creativa?
—Sucede que los adultos mismos no tienen experiencia con estas nuevas tecnologías. Para ellos es extraño y poco amigable. Los riesgos son reales, pero los adultos están exagerando por desconocimiento. La paradoja es que la única manera de enseñarle a una persona a ser cuidadoso ante el peligro es enseñarle a lidiar con el peligro, enseñarle acerca de eso y de todas las implicancias que puede llegar a tener. Si la gente joven quiere encontrar pornografía, o cualquier otra cosa, la encontrará, tanto en Internet como fuera de la Red. Es mejor enseñarles sobre esa curiosidad y las maneras legítimas o ilegítimas de expresar esa curiosidad que simplemente decir: “Lo desenchufo y deja de ser un problema”.
—¿Cuál sería el papel de la escuela en el nuevo contexto?
—Hay dos posibilidades: que la escuela no cambie y entonces los jóvenes buscarían otras maneras de aprender, o que la escuela pueda convertirse en el centro alrededor del que giran la familia, la cultura, el trabajo; porque es muy complicado pensarlo de otra manera. Y el rol sería ayudarlos a integrar todas estas actividades y relaciones. Si la escuela no toma esta responsabilidad, no sé qué otra institución puede hacerlo.
—¿Existe una brecha digital entre docentes y alumnos?
—A veces los educadores no han podido lidiar con estos cambios tecnológicos. A lo mejor, en toda la historia de la humanidad nunca se dio algo así, donde la gente joven sabe más que los profesores sobre algo tan importante. Los profesores necesitan tener esta experiencia de aprendizaje colaborativo y colaborar como socios con los
alumnos.
Fuente: Perfil

