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Niñas y niños violados por adultos en el Mercado Central de Buenos Aires

Chicos explotados sexualmente en el Mercado Central
   Niños y niñas que viven en la pobreza e indigencia son explotados sexualmente en el Mercado Central a cambio de alimentos para llevar a su hogar o de dinero que destinan a comprar drogas ilegales o alcohol, denunciaron trabajadores sociales de una organización social.
   Gilda Acosta, integrante de la organización Tra.Sos, explicó: “El Mercado Central es como una ciudad aparte, un lugar donde todos los vicios, inequidades y problemas de la sociedad están amplificados, y desde nuestro lugar intentamos rescatar a los chicos, mostrarles que otra realidad es posible, que pueden crecer de forma sana, pero es difícil”. La trabajadora social reseñó: “Al comienzo, no podíamos conectarnos con la realidad del predio, pero nos dimos cuenta que el problema era sencillo, y estaba a la vista: todos eran consumidores, de drogas, sexo y violencia, entonces naturalmente se generaba un muro de silencio”.
    “De a poco, logramos ingresar en sitios del mercado que antes estaban prohibidos para cualquiera que no perteneciera. Es un trabajo de hormiga, y el objetivo siempre es resguardar y proteger los derechos de los niños. Nosotros no estamos para castigar delitos, sino para prevenir, y tratar que el pibe tenga otras posibilidades. No hacemos el trabajo de la justicia o del Estado, pero sí articulamos con ambos para que se encuentre una solución”, señaló Acosta.
   Pablo Prado, otro de los integrantes de la ong, agregó: “Fue muy difícil encontrar los hechos. Muchas veces sentimos que estábamos por el camino equivocado. Pensábamos que o no éramos lo suficientemente hábiles para detectar o estaba muy bien escondido. ¿Por qué era tan difícil? Porque consumidores eran todos: policías, changarines, seguridad privada, comerciantes, camioneros, y algunos directivos también”.
   El equipo de Tra.Sos forma parte de un proyecto denominado “Prevención de la Prostitución y las Adicciones en el Mercado Central”, coordinado por la Dirección de Políticas de Género y Proyectos de Promoción Infantil, dependiente de la Subsecretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad de La Matanza. Este trabajo arrancó en el año 2002, cuando una denuncia por chicos esclavizados sexualmente llegó al Juzgado de Menores Nº2 del Departamento Judicial La Matanza.
   (Diario Popular, pág. 15, 28/12/08 – Maximiliano Montenegro; La Capital – Santa Fe, edición digital; El Tribuno - Salta, edición digital – 29/12/08)

La Franja de Caza

Niños del Mercado de La Matanza se prostituyen por comida, vino y droga

El Mercado Central está ubicado en Tapiales, municipio de La Matanza, y abarca 500 hectáreas. Chicos y chicas se prostituyen por comida, droga y alcohol en el Mercado Central del partido bonaerense de La Matanza. "Un muro de silencio" encubre al flagelo denunciado por una organización no gubernamental que busca resguardar a los chicos de esa cruda realidad."El mercado es como una ciudad aparte, un lugar donde todos los vicios, inequidades y problemas de la sociedad están amplificados, y desde nuestro lugar intentamos rescatar a los chicos, mostrarles que otra realidad es posible, crecer de forma sana, pero es difícil", señaló Gilda Acosta, integrante de la organización social Tras.Sos.?La trabajadora social comentó que realizar un diagnóstico del lugar le llevó al grupo aproximadamente un año. La asistente aseguró que "el problema parecía sencillo y estaba a la vista: todos eran consumidores de drogas, sexo, violencia, entonces natural mente se generaba un muro de silencio". Las catacumbas. Los abusos contra chicos obligados por la necesidad de prostituirse se habrían cometido en un lugar denominado las catacumbas, zona de vestuarios subterráneos que cada nave del mercado tiene con un acceso restringido.
(La Capital - Santa Fe 29/12/08)


(APe).- Hace varias décadas atrás, el médico psicoanalista Arnaldo Rascovsky, uno de los fundadores de la Asociación Psicoanalítica Argentina, acuñó el concepto de “filicidio”. Daba cuenta de la matanza sistemática de los niños por la cultura dominante. Estoy convencido que ese concepto nunca tuvo el reconocimiento que merecía. La cultura patriarcal es más sensible para mencionar las tendencias parricidas de los jóvenes, que las filicidas de los adultos. Después de todo, como señala el derecho, nadie está obligado a declarar contra sí mismo. No sé qué concepto hubiera acuñado Arnaldo para referirse a la situación actual. Obviamente, hablar de niños en “situación de calle” no resuelve el problema. Porque esas situaciones son permanentes, apenas sostienen una vida miserable, los exponen a todo tipo de peligros, los dejan en una situación de vulnerabilidad y dependencia absoluta. Pero sabemos que la calle es cruel, que organiza sus propias leyes, y que es la maldición absoluta: de patitas en la calle. Dormir, vivir, comer, beber, sobrevivir en las calles es en la actualidad la cara no tan oculta del febril crecimiento inmobiliario. Pero “el cruel que me arranca, el corazón con que vivo” al decir de José Martí, siempre encontrará un nivel de crueldad superior. Organizar un mercado cautivo de niñas y niños, para convertirlos en consumidores de todo tipo de tóxico. Doblegados por el sufrimiento, se los degrada a la peor de las mercancías: aquella de la cual se dispone al antojo y gratuitamente. La mano visible de ese infame mercado está a la vista, pero nadie quiere verla. Y ese mercado no es cualquiera: es el mercado central, organizado como una ciudad sin dios, con legalidades mafiosas y con la legitimidad de los cómplices. En esa ciudad de 500 hectáreas, el terrorismo de estado no se dio por enterado de los 25 años de democracia. Los chupaderos de ayer son las catacumbas de hoy, y los que luchan por la dignidad de las personas (al igual que durante el terrorismo de estado hicieron los organismos de derechos humanos) están limitados a la organización social Tras.Sos. Quizá una de las formas más cobardes de dictadura, encubierta por góndolas de frutas y vegetales. “Por su parte, Pablo Prado, otro integrante de la organización, afirmó que ‘a la gente de arriba en la práctica esto le interesa poco. Fue muy difícil encontrar los hechos y muchas veces sentimos que estábamos por el camino equivocado. ¿Por qué era tan complicado?, porque consumidores eran todos: había policías, changarines, seguridad privada, comerciantes, camioneros y algunos directivos también’, precisó”. La misma lógica de la dictadura. Todos los cazadores están involucrados. El funcionamiento denominado “fraternidad-terror” es un pacto de sangre contaminada, donde al que saque los pies del plato le cortan los dedos. El mercado central entonces es un coto de caza, un parque cultural perverso donde a los más débiles no se los protege: se los somete. La ley de la selva era más justa. Ningún animal arriesga su reproducción para poder vivir. Ningún animal es objeto del goce perverso de otro. El gato maula que juega con el mísero ratón es un gato de la cultura. De la cultura represora que instituye una forma de ejercicio despótico del poder que denominamos sexualidad represora. La que se ejerce sobre niñas y niños que son tratados como al peor de los inmigrantes: son extranjeros en su tierra. No hay para ellas y ellos el Estado de Derecho. Apenas hay Mercado Central. Donde pueden ser cazados con una impunidad mayor que la de los militares genocidas. Es terrible pensarlo, y hay que pensarlo porque es terrible. Hay dos tipos de impunidad. La primera es cuando lo siniestro se hace cotidiano. Es el caso de la dictadura militar, en los ejemplos del mundial del 78, la guerra de Malvinas, el deme dos, el por algo será, etc. La segunda es cuando lo cotidiano se hace siniestro. Es el caso de esta democracia, que opera, al decir de Chomsky, con las “ilusiones necesarias”. Por ejemplo: los cartoneros, empujando sus torres con rueditas, son mirados con bucólica parsimonia por automovilistas que en un alarde cívico aminoran la velocidad. Como un lomo de burro, ya forman parte del paisaje. Al ser cotidiano, es difícil mirarlo, pensarlo, olerlo, sentirlo como siniestro. La trata de mujeres, niñas y niños tiene multiplicidad de franjas en todo el país. Las drogas agregan además franjas con aeropuertos clandestinos, más de 1500. El local bailable República Cromagnon, fue hace cuatro años una franja de masacrados porque con candados en las puertas de emergencia, de la franja superpoblada nadie podía salir, por las dudas que alguien quisiera entrar sin pagar. En esas 500 hectáreas del Mercado Central, más peligrosas en la actualidad que las de la ESMA, lo cotidiano se ha hecho siniestro hace muchos años. Y seguirá, con la cotidianeidad de cobardes safaris para cazar niñas y niños indefensos. El Mercado Central es una franja de caza. ¿Podremos detener esa matanza en La Matanza?

Fuente: Agencia de Noticias Pelota de Trapo - Publicado el 7 de enero de 2009

Lunes, 12 de Enero de 2009 09:42 Lic. Claudia Santalla #. Abuso Sexual

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