Derechos Humanos en la Infancia y Adolescencia.

UN MUNDO MEJOR ESTÁ EN TUS MANOS.
NI LA VIDA NI LA MUERTE SE RINDEN CON SUS CUNAS Y SUS CRUCES (L. GIECO)
Trabajemos juntos por los derechos de niños, niñas y adolescentes.
¿Nos escuchamos? LUNES 19hs.Argentina- CIELO Y TIERRA - www.fmradiocultura.com.ar

Temas

Archivos

Enlaces

Abuso Sexual

Derechos Humanos

Educación

RADIO

Salud

Otros


Se muestran los artículos pertenecientes al tema Adicciones.

Iniciativa para erradicar el paco de las villas


Hay mucho para decir, mucho para enfurecer, y mucho más para hacer.

Sólo me limitaré a reiterar los siguientes párrafos que podrán leer en la nota publicada por La Nación:

"Lo único barato en la villa, es la drogra"

"... Cuando empiezan están diez días sin comer ni dormir en los que sólo consumen. Los que son pibes de la calle empiezan a consumir a los 8 o 9 años"

El Hogar de Cristo necesita empresas que les den empleo a los chicos, ropa, comida, ayuda económica y padrinos para los jóvenes. Para comunicarse: 4302-3643, 15-4177-2759 o www.sinpaco.org .

 

La siguiente es la nota publicada en La Nación por Micaela Urdinez - de la Fundación LA NACION

Lunes 28 de setiembre de 2009

Iniciativa para erradicar el paco de las villas

El Hogar de Cristo asiste en el asentamiento 21-24 de Barracas a jóvenes de bajos recursos para que superen su adicción

"Lo único barato en la villa es la droga. La dosis de paco está a un peso y eso constituye una invitación al consumo", dice Gustavo Barreiro, coordinador general del centro de día Hogar de Cristo, un proyecto de la Parroquia Virgen de Caacupé para el tratamiento, la recuperación integral y la reinserción de chicos adictos a las drogas de la villa 21-24 de Barracas. Desde la parroquia, siempre se preocuparon por esta temática con distintas estrategias, hasta que decidieron crear un programa propio de recuperación dirigido exclusivamente a chicos del barrio.

Todos los mediodías, Barreiro transita los pasillos de la villa con su auto en busca de los chicos que asisten al hogar. "La villa está recostada sobre el Riachuelo y para llegar al hogar, que está en la otra punta, los chicos tienen que atravesar toda la villa, con las innumerables tentaciones que eso implica. Por eso, nosotros los pasamos a buscar", cuenta Barreiro. LA NACION lo acompañó durante su recorrido por las calles de barro inundadas y junto a casas de chapa pintadas de intensos colores que contrastan con la angustiante realidad de la villa.

Así llegamos a la casa de Albertito, un joven de 24 años que a las 12.30 recién se levanta para ir a buscar su almuerzo al comedor de día de la cuadra. Vive con su madre y algunos de sus siete hermanos en una casa de ladrillos huecos y techo de chapa. Es paraguayo y su familia vino a la Argentina cuando era chico, acarreando todos los problemas propios de una vida marcada por la pobreza. Empezó con la marihuana y hoy consume paco. Está en tratamiento y vive de changas. "Yo me caí y me rescaté un par de veces. Ahora estoy en etapa de rescate", dice.

Los jóvenes que están en tratamiento son cerca de 150 desde que empezó a funcionar el hogar hace un año y medio. En la primera etapa, se empieza con cada uno de los chicos para conocer a fondo su realidad y ganar su confianza. Luego, pasan a la Granja Madre Teresa de Calcuta, en General Rodríguez, donde permanecen cinco meses. Por último, está la reinserción.

"Los pibes no tienen acceso a la recuperación porque, cuando desembarcó, el paco cambió los hábitos de consumo. Cuando empiezan están diez días sin comer ni dormir en los que sólo consumen. Los que son pibes de la calle empiezan a consumir a los 8 o 9 años", cuenta el padre Chary, de la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé, que funciona en la villa.

El Hogar de Cristo necesita empresas que les den empleo a los chicos, ropa, comida, ayuda económica y padrinos para los jóvenes. Para comunicarse: 4302-3643, 15-4177-2759 o www.sinpaco.org .

Lunes, 28 de Septiembre de 2009 10:26 Autor: Lic. Claudia Santalla. #. Tema: Adicciones No hay comentarios. Comentar.

Aumenta el abuso de medicamentos para el TDAH.

A medida que se entregan más recetas para medicamentos utilizados para el tratamiento del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), cada vez más niños están abusando de estos medicamentos.

Esa es la conclusión de una investigación reciente que aparece en la edición de septiembre de Pediatrics que halló que el índice de abuso de medicamentos para el TDAH había aumentado en 76 por ciento entre 1998 y 2005, mientras que los índices de recetas de estos medicamentos aumentaron en cerca de ochenta por ciento.

"Examinamos todos los centros de control del envenenamiento del país y hallamos un aumento significativo en la cantidad de llamadas por abuso de medicamentos para el TDAH similar al de las recetas", señaló la Dra. Jennifer Setlik, médica de emergencia del Centro médico del Hospital Infantil de Cincinnati, Ohio, una de las autoras del estudio.

Además, según Setlik, este estudio "no es un cálculo del problema total" porque toma en cuenta únicamente los datos de los centros de control de envenenamiento, pero sí le proporciona a médicos y padres una instantánea de la tendencia hacia el aumento del abuso de estos medicamentos con el aumento de su disponibilidad.

El TDAH afecta a entre el ocho y el doce por ciento de los niños y hasta al cuatro por ciento de los adultos en todo el mundo, según la información de fondo del estudio. El trastorno se trata más comúnmente con estimulantes, que tienen un efecto aparentemente paradójico entre quienes tienen TDAH y les permiten concentrarse y funcionar más efectivamente. Según el estudio, los medicamentos recetados con más frecuencia son sales de anfetaminas (Adderall) mezcladas con metilfenidato (Ritalin, Concerta)

El estudio también informa que, junto con la marihuana, los medicamentos recetados son los fármacos más comunes que usan los adolescentes para drogarse. Esto podría deberse a que los adolescentes consideran que estos medicamentos son seguros porque han sido recetados por un médico o simplemente porque son fáciles de conseguir.

Para evaluar si el aumento en la disponibilidad de los medicamentos para el TDAH también causaría un aumento en el abuso de los medicamentos por parte de los adolescentes, Setlik y sus colegas revisaron datos del Sistema nacional de datos sobre envenenamientos, que incluye información de los centros de control de envenenamiento de los EE. UU.

Los investigadores buscaron casos de abuso intencional o uso indebido de medicamentos para el TDAH en jóvenes entre los trece y los 19 entre 1998 y 2005.

Hallaron que durante el período de ocho años del estudio, la cantidad de llamadas a los centros de control de envenenamiento relacionadas con el uso de medicamentos para el TDAH aumentó en 76 por ciento, de 330 llamadas durante el primer año a 581 llamadas durante el año pasado.

Al mismo tiempo, las recetas para el TDAH en general aumentaron en ochenta por ciento para todos los niños y adolescentes y cerca del 86 por ciento de los niños entre los diez y los 19.

Los datos no incluían información sobre si el adolescente que había abusado de medicamentos para el TDAH era el mismo al que se le habían recetado o si el abusador era un adolescente que no tenía TDAH.

Los padres "necesitan tener en cuenta el potencial de abuso de estos medicamentos para adolescentes a los que se les ha recetado y a los que no se les han recetado", aseguró Setlik.

Si un niño está tomando medicamentos para el TDAH, recomendó vigilar la cantidad que el niño esté usando.

Tom Hedrick, uno de los miembros fundadores de The Partnership for a Drug-Free America, estuvo de acuerdo en que los padres necesitan monitorizar cualquier medicamento recetado que sus hijos usen para asegurarse de que lo toman de manera apropiada. También recomendó que los padres cuiden sus propias recetas.

Lo que es crítico, dijo, es decirles a sus hijos que tomar medicamentos que no se les hayan recetado o tomar cantidades mayores a las recetadas no está bien.

"Necesitamos comenzar a pensar de manera proactiva en lugar de reactiva", aseguró Hedrick. "El cincuenta por ciento de los niños informó que nunca había oído hablar sobre el abuso de los medicamentos recetados, aunque estos medicamentos son tan peligrosos, tan adictivos y tan mortales como las drogas.

"En este momento, los padres podrían sentir cierto alivio de que los niños estén tomando medicamentos y no drogas callejeras", señaló. "Lo que tenemos realmente es una tormenta perfecta porque hay falta de conocimiento y exceso de disponibilidad".
 

Publicado por INFONUTRAR

Miércoles, 02 de Septiembre de 2009 12:34 Autor: Lic. Claudia Santalla. #. Tema: Adicciones No hay comentarios. Comentar.

PACO $1.300 MILLONES X AÑO Y MILES DE MUERTES DE NIÑOS Y ADOLESCENTES

El negocio del paco mueve por año $ 1300 millones

tráfico de esa droga factura más que muchas grandes industrias

Lunes 15 de junio de 2009

Daniel Gallo
LA NACION

Las denuncias de madres alarmadas por el consumo de drogas de sus hijos y la alerta lanzada por los sacerdotes que trabajan en villas de emergencia dejaron al descubierto el negocio del paco, que quedó instalado con fuerza en la agenda pública en las últimas semanas. El tráfico de la pasta base de cocaína supera la facturación de muchas de las empresas más importantes del país: mueve por año más de 1300 millones de pesos, según estimaciones que surgen de los números oficiales sobre su consumo.

Supera por mucho la facturación de todas las salas de cine, estimada en 360 millones de pesos anuales, y la venta de los sellos discográficos, de $ 640 millones. Y casi se equipara con la comercialización de maquinaria agrícola, que en el primer trimestre de este año rozó los $ 300 millones.

Si fuera una empresa, el paco se intercalaría entre los puestos 70 y 80 del ranking de facturación de las compañías argentinas. Alcanza el nivel de ventas de un trimestre de los shoppings de la ciudad y supera los $ 900 millones anuales de una cadena de comida rápida y los $ 180 millones de la principal cadena de maxiquioscos de la Capital.

La Secretaría de Lucha contra la Drogadicción y el Narcotráfico (Sedronar) dio a conocer en sus últimas estadísticas que hay unos 85.000 consumidores de paco, mientras que un trabajo de la Subsecretaría de Adicciones de Buenos Aires permitió en 2007 establecer una media de 7,5 dosis diarias de paco que compra cada consumidor.

Si se entrecruzan esas estimaciones oficiales con el precio promedio de $ 6 por paco, que es reconocido por fuerzas de seguridad y por adictos en recuperación, la magnitud del negocio permite visualizar las razones de su explosiva instalación. Son más de $ 1300 millones anuales.

Expandido ahora hasta en las clases medias, con puntos de venta fuera de las villas y consumidores de mayor poder de compra, el comercio del paco supera en facturación a los más importantes negocios legales.

"Tomar conciencia del dinero que mueve el paco debería hacernos pensar en qué hacen las autoridades para investigar este gran negocio", dijo Claudio Izaguirre, presidente de la Asociación Antidrogas de la República Argentina.

Izaguirre cree que la facturación del comercio de paco es aun mayor de lo que se calcula. "Las dosis diarias de cada adicto son entre 20 y 40; además, las ONG que trabajamos en este tema estimamos que hay 180.000 consumidores y el precio de cada dosis ha aumentado por el acceso a las clases media y alta", agregó.

Organizaciones precarias

Por el momento, este comercio de cifras impresionantes no se cartelizó, sino que es controlado por bandas desconectadas entre sí, explicó un ex funcionario de seguridad que conoce a fondo la mecánica de las operaciones de estos grupos de narcotráfico.

"No son organizaciones complejas, sino bandas que trabajan en un solo lugar, que se ocupan de todas las etapas del proceso: la obtención de la materia prima, el preparado y la venta", indicó aquel hombre, que por sus responsabilidades públicas aceptó la conversación en off the record .

Vale ese testimonio para conocer algunas de las razones que llevaron al auge del paco. Una de esas sería el enfoque dado por la justicia federal a la lucha contra el narcotráfico, al preferir la detección de grandes redes de narcotraficantes transnacionales, con la mira puesta en los canales de entrada y salida de la droga.

En medio de esa estrategia, se "coló" un negocio que empezó a crecer en 2002, cuando un solitario vendedor en la villa Itatí, en el sur del conurbano, comenzó a vender dosis de paco a un peso, en un proceso multiplicado ahora por miles en cantidad de bocas de expendio y de consumidores.

Desfederalización

Los investigadores bonaerenses entienden que pudieron actuar mejor contra el paco con el cambio en el procedimiento penal que les permitió atacar la distribución a pequeña escala con la justicia provincial.

Aquellos que impulsaron la ley de desfederalización de la lucha contra el tráfico de drogas afirman que eso supuso un paso adelante.

Al avanzar en la detención de vendedores de paco, la seguridad bonaerense descubrió que esos grupos no tenían relaciones entre sí y que comercializaban su producto por canales paralelos a los de otras drogas. Aunque se vieron algunos intentos de asociación a partir de que el paco ya es un nombre genérico, que designa más a una droga barata para ser fumada que a un compuesto estupefaciente específico.

La articulación de alguna precaria red se produjo en asentamientos del conurbano, con la distribución de paco derivado de cocaína de muy baja calidad mezclada con otros productos químicos. Por el momento, no se habría forjado un cartel del paco, pero el impresionante volumen de facturación anual podría volver apetecible hacer el intento por controlar el mercado.

Eso preocupa a las autoridades. El gobierno de Daniel Scioli, que hizo de la lucha contra el paco una de sus banderas, desplegó una estrategia complementaria a la judicial frente a este negocio: las casas en las que se descubre que hay venta son demolidas por topadoras si están en terrenos usurpados, como los de una villa. Con esa determinación, la administración provincial intenta enviar un mensaje de dureza para desalentar a familias que pudieran sentirse seducidas por los beneficios espurios del comercio de drogas.

El gobernador bonaerense hizo ayer declaraciones periodísticas sobre la lucha contra el narcotráfico. "Si hay un gobierno que está combatiendo el tráfico de drogas, es el mío", dijo. Y agregó: "Yo voy a fondo. Hay narcotraficantes presos y se secuestraron cantidades de paco, marihuana, cocaína. Asumí un compromiso personal e institucional en esta lucha".

De todas maneras, el récord de 70.000 dosis de paco secuestradas el año pasado por la policía bonaerense representa menos del consumo de un día de los adictos. El mes último, en un operativo en Wilde, se encontraron 8000 dosis de paco, en lo que resultó el mayor golpe individual a los proveedores de esta droga.

Líneas al exterior

Aquellos que han investigado con las agencias gubernamentales esta forma de narcotráfico aseguran que el paco nació en la pobreza como una forma ilegal de supervivencia para familias marginadas, que vivían así de la adicción de sus propios vecinos. Casi como un "rebusque", sin una estrategia detrás de ese negocio, como ocurre con otras líneas de drogas, como las sintéticas, en las que la capacidad de planeamiento y logística de las narcobandas internacionales opera incluso en la organización de sus propias fiestas electrónicas, las llamadas raves para facilitar e incentivar el consumo.

Para Izaguirre, en cambio, bandas con ramificaciones internacionales operan de forma tercerizada con organizaciones más "caseras" de vendedores de drogas.

"Hay grupos que se dividieron las zonas. Los colombianos trabajan por el norte de Buenos Aires y el sur de Santa Fe; los mexicanos se quedaron con las zonas portuarias; los peruanos se instalaron en la villa 1-11-14; los paraguayos, en Villa Soldati, y los bolivianos, en Liniers. Cada grupo armó su red local y permitir la comercialización del paco es el pago que hacen por la protección de sus cocinas de producción de cocaína", afirmó Izaguirre.

 

Fuente: La Nación - 15/06/09

Martes, 16 de Junio de 2009 11:08 Autor: Lic. Claudia Santalla. #. Tema: Adicciones No hay comentarios. Comentar.

Adicciones: hay 76 internados por día

En la provincia de Buenos Aires, la marihuana es lo que más se consume; la mayoría de los afectados son adolescentes y jóvenes

Jueves 7 de mayo de 2009

Jesús A. Cornejo
Corresponsalía La Plata

LA PLATA.- El dato revela un panorama crítico en la provincia de Buenos Aires: durante 2008 fueron internadas, en promedio, 76 personas por día por sus adicciones a las drogas.

Según informó la Subsecretaría de Atención a la Adicciones bonaerense (SADA), unas 28.000 personas fueron sometidas a tratamientos para superar sus problemas con los estupefacientes y el alcohol. La mayoría de ellas fueron adolescentes y jóvenes.

El perfil de los adictos tratados en esos lugares indica que el 30,1% fue internado por fumar marihuana; el 29,5%, por sus problemas con el alcohol; el 23,8, por adicción a la cocaína; el 4,7 %, por consumir pasta base (paco), y el 2,5 %, por ingerir psicofármacos. El resto de los pacientes siguieron tratamientos por consumir pastillas de éxtasis, LSD y otras drogas con efectos alucinógenos.

En diálogo con LA NACION, Javier Goñi, interventor en SADA, dijo: "De los 28.000 pacientes que fueron tratados durante 2008, casi la mitad tuvo problemas con el alcohol. Esa fue la puerta de entrada al mundo de las drogas. En el interior de la provincia, el paco no está presente como en el conurbano. Pero la marihuana es la droga que más se consume".

Un vocero de la subsecretaría aseguró a este diario que en los últimos tres años hubo un leve crecimiento en la cantidad de pacientes tratados. "El problema con las cifras es que muchos adictos no permanecen largo tiempo en los centros de rehabilitación. Muchos cortan sus tratamientos y cuando vuelven a estar mal, regresan a las clínicas", comentó la fuente consultada.

Goñi se hizo cargo de SADA hace una semana, en medio de fuertes denuncias y reclamos por la falta de fondos para infraestructura y el pago de salarios del personal que trabaja en Centros de Prevención de las Adicciones (CPA).

Desde entonces, recorre la provincia y se entrevista con los profesionales y técnicos de los CPA para intentar resolver los problemas en las distintas regiones sanitarias. "Durante nuestras recorridas descubrimos que en el interior de la provincia se vive un gran problema con la adicción al alcohol. Estamos muy preocupados, porque cada vez hay más chicos, de entre 11 y 13 años, que se emborrachan antes de salir a bailar", afirmó Goñi.

La SADA, cuyo objetivo es brindar una respuesta integral de prevención y asistencia a la drogadependencia, tiene un presupuesto de $ 85 millones, sólo el 0,15% de los $ 56.000 millones de gasto previsto por la provincia para 2009.

Según los datos de la subsecretaría, no más del 6% de los jóvenes que recibe tratamiento lo hace derivados a través de algún juzgado.

"La mayoría de los pacientes llega a los centros de manera espontánea. Generalmente son los familiares los que los acompañan, pero últimamente, a través de las parroquias y de los clubes de barrio, se pide ayuda para sacar a los chicos de las adicciones", comentó Goñi.

Con ansiolíticos

Y explicó que algunos de esos chicos que llegaron a los centros de rehabilitación fueron tratados por su dependencia a los psicofármacos. "Estamos viendo que muchos jóvenes comienzan a drogarse con ansiolíticos y distintos medicamentos que se pueden encontrar en cualquier botiquín familiar. Las mezclan con alcohol y la beben en las denominadas jarras locas. Todo esto genera un vértigo que facilita el ingreso en el mundo de las drogas ilegales", explicó.

Si se cotejan los datos de SADA con las cifras de la policía bonaerense, la marihuana y la cocaína son los dos tipos de drogas que están más presentes tanto en los índices de consumo como en los operativos.

Durante el año pasado, la policía secuestró 14.111 kilos de marihuana, 2740 kilos de cocaína, 79.000 dosis de paco, 3500 pastillas de éxtasis, 2214 dosis de LSD y 200.000 dosis de metanfetaminas.

28.000
jóvenes

fueron internados durante 2008, con distintos grados de adicción a los estupefacientes y al alcohol, en clínicas y en centros de rehabilitación dependientes de la Subsecretaría de Atención a las Adicciones de la provincia de Buenos Aires.

30,1 %
adictos a la marihuana

Ese porcentaje corresponde a los internados en los citados centros de rehabilitación por su adicción a la marihuana; 29,5 %, por alcohol; 23,8 %, por cocaína; 4,7 %, por paco; 2,5 %, por psicofármacos, y el resto por adicciones combinadas.

6 %
atendidos por orden judicial

Es la proporción de jóvenes adictos que en la provincia de Buenos Aires reciben tratamiento por disposición de la justicia. El resto son derivados por centros religiosos, clubes y organizaciones intermedias.

Viernes, 08 de Mayo de 2009 11:03 Autor: Lic. Claudia Santalla. #. Tema: Adicciones No hay comentarios. Comentar.

El infierno del paco en las villas

20090429154057-curas-villa-diego-sandstede-ok-1.jpg

Hablan los curas amenazados por su documento antinarco, que comenzó como un informe interno y terminó en todos los diarios. J. Lanata - 26/04/09

La gente se droga porque le duele el mundo. Cada dolor es distinto, como cada mundo lo es: la señora de clase media se droga con Lexotanil; el broker con cocaína, dinero fácil o anabólicos; el político con el poder; la chica de la disco con speed y bicho; los abuelitos con Viagra y licor; los niños con televisión y video games; casi todos con alcohol; todos con café, y en las villas con paco. Los dolores son de distinta intensidad, pero duelen sonando en la misma nota: el vacío, la angustia, la soledad, el futuro. Las drogas son como las vacunas: inoculan veneno hasta que después no hacen nada. En la noche eso se llama “shot”. Ese microsegundo, durante el shot, el mundo desaparece. Y deja de doler. Lo demás es una cacería hasta el próximo shot. El paco ha hecho verdadera la peor pesadilla de los que lucran con los tratamientos de desintoxicación: te quema la cabeza. Te quema la cabeza, mal. Y rápido. Te taladra el cerebro como ninguna otra cosa. El paco es pasta base, restos, lo que queda de la basura después de barrer con cuidado, la sub-basura, mezclada con acetona, vidrio molido, fructosa y mierda. Dicen que la patada es fuerte, pero mínima: dedos en el enchufe. Y el adicto se declara tal en una semana o dos. Según el Observatorio de Drogas del gobierno porteño, diez chicos por día son internados en esta ciudad por intoxicación con paco. Según la Red de Madres contra el Paco, sólo en Lomas de Zamora hay cuatrocientos chicos internados en rehabilitación, con un promedio de cuatro por día. Y entre ocho y diez mueren cada semana por sobredosis. El paco arrasa las villas, el 5,7% de la población de Buenos Aires, 170.397 personas con una edad promedio de 24 años y de los cuales cuatro de cada diez son niños menores de diez años. Está más vinculada con el paco la deserción escolar que el delito: muchos adolescentes que dejan el secundario terminan en el paco y sólo el 6% del total de los delitos son cometidos por menores.

El “Mensaje de los sacerdotes para las villas de emergencia”, conocido el pasado 25 de marzo, tuvo una repercusión inusual: comenzó como un documento interno para “Noticlero”, una especie de correo electrónico intercuras, y terminó en la tapa de los diarios a partir de que algunos de sus autores fueron amenazados por el narcotráfico.

“JP” es José María “Pepe” Di Paola, que vive hace trece años en la villa 21, tiene pelo largo, un poco desaliñado y aspecto de apóstol de una película de romanos. “GC” es un vecino reciente de la villa 1-11-14, adonde llegó desde Villa Fátima, en Soldati. Es alto y delgado, lleva gafas de Lennon o de abuelito y parece un investigador del Conicet. Cuando recuerdan al padre Ricciardelli, o a Mugica, o a Vernazza, o a Daniel de la Sierra, dicen sentirse parados en las espaldas del gigante. “GT” lleva diez años en la villa 31, aquella de las casas de varios pisos, es retacón y bien podría pasar por un cura del bosque de Sherwood esperando la llegada de Robin Hood. Los tres pelean esta pelea del lado de Dios.

–¿Cuándo fue la primera vez que viste a un chico consumiendo paco?
JP: –No me acuerdo, pero si miro para atrás, la villa en un momento hace un crac por el paco. Habrá sido alrededor de 2001.

–¿Cómo te diste cuenta? ¿Qué veías?
JP: –Lo que vi fue un grado de adicción mucho más grande, menos autocontrol.
GC: –“Esto es revicioso, padre”, es lo que te dicen. “La otra droga era distinta”.
JP: –Y ves cómo rompe la familia, la madre pierde todo porque el hijo le vende lo que tiene. Es un drama familiar que se produce en torno de la vida del chico. Hay muchos chicos “en situación de pasillo”, como decimos ahora, no de calle, que ni siquiera son del barrio. Por ahí dejaron su casa en el Gran Buenos Aires, tomaron un tren, se bajaron donde pudieron y organizan su vida y su ranchada.

¿Y dónde duermen?
JP: –En las calles. No todos los chicos de la calle, cuando uno los ve en la villa, tiene que pensar que son de ahí, que nacieron ahí. Para nuestro trabajo, es una diferencia. Un pibe del barrio tiene algún vínculo con la capilla: o tomó la comunión, o jugó al fútbol en el patio de la parroquia, o conocemos a la familia. Entonces, resulta más fácil darle una mano. En cambio, el pibe que no es del barrio nos es más difícil de ayudar, no tiene ningún vínculo anterior.

–Uno a veces escucha a los padres diciendo que no pueden manejar a los pibes. Es el argumento típico de los padres de chicos con problemas.

GC: –Y más cuando son adictos. Una madre me dijo el otro día que mientras encuentra lugar para ponerlo en tratamiento, trató de retenerlo. Y el hijo se tiró del segundo piso. La compulsión por consumir hace que, por ejemplo, lo encierren y el chico rompa todo, busque salir.

–¿El tratamiento compulsivo sirve para algo si el chico no está convencido?
GC: –Nosotros siempre apelamos a la libertad. Me parece que el tratamiento compulsivo dura lo que dura el encierro…
JP: –En algunos casos, puede servir. Tenemos casos extremos, cuando el pibe está a punto de hacer cualquier cosa, cuando peligra su vida, cuando son muy chicos –de 14, 15 años– y no podés esperar a que sea mayor de edad. En esos casos, tiene que intervenir el Estado como protección. Como sería en el caso de una persona que intentó suicidarse varias veces, un cuidado de la sociedad adulta. Ahora, si es sólo encerrarlos para que no molesten, es otra cosa.

–¿Los dealers viven en la villa?
GC: (Silencio) –Los que venden viven en la villa, viven ahí; los dealers chicos y los narcos viven acá a la vuelta. (Se refiere a Retiro. Risas).
JP: –Es difícil, lo que podemos afirmar es que la villa no es símbolo de narcotráfico. Estamos todo el día con casos de pibes, ayudando, organizando campamentos, actividades, centrando la mirada en algo positivo. Y dejamos esos temas para otros.
GC: –Claro, nuestra mirada no es la del servicio de inteligencia.
JP: –Además, ponemos todo el énfasis en esto. Por ejemplo, ayudar a dos familias te puede llevar todo el día. Es uno por uno. Nosotros tenemos un pequeño grupo que es una especie de centro de atención de día, una granjita hecha por los hombres de la villa donde hay ocho chicos en proceso de desintoxicación, y vamos a ver cómo nos va con una casa de medio camino dentro del barrio. A ver si les podemos aportar algo antes de que vuelvan a su casa para que tengan proyectos de vida. Es muy difícil, recién estamos iniciándonos, con mucho para aprender, pero lo lindo es que la comunidad se metió en esto. El lema es “cuidemos a nuestros pibes”.

–¿Por qué creen que los chicos se drogan?
GC: –La adicción, en el fondo, es una enfermedad espiritual. No me refiero a que vayan a misa o no (risas).

–Están reclutando…
GC: –No, no, no.
JP: –No somos la Iglesia Universal (risas).
GC: –La adicción tiene un componente psicológico, biológico, pero también espiritual. Me refiero a encontrarle sentido a la vida, para qué vivo, hacia dónde voy. El horizonte en la villa se acorta, no hay posibilidad de estudiar, de conseguir un laburo, un lugar donde recrearse. Estamos iniciando en la capilla lo que se llama “el patio de la Virgen”. Uno de los curas que lo está coordinando se asombraba de cómo los chicos se habían enganchado con los juegos de mesa medio rotos, rompecabezas incompletos. Pero los chicos estuvieron ahí tres horas jugando. A veces son cosas muy elementales y básicas. También la identificación, todos crecemos mirando a alguien, por lo menos a mí me pasó. Por eso, tratamos de generar en nuestros barrios (esto Pepe lo ha trabajado) líderes positivos. Que el pibe vea a un joven más grande que lo lleva de campamento, que hace cosas, y no que sólo tenga presente al que afanó más, al matón. Son cosas muy elementales.

GT: –El otro día, en misa, apareció un pibe que estuvo internado y se está recuperando muy bien; lo empezaron a dejar salir los fines de semana. La mamá, una mujer grande, lo trajo a la misa. Nosotros no podíamos creer lo bien que estaba. Se me ocurrió decir al final de la misa: “¿Se acuerdan de Matías? Bueno, ahí está”. La gente se quedó helada. “Y vos, ¿qué le dirías a la gente”, le dije yo. “Que se puede”. Dio su testimonio, estaban todos llorando, y fue como una inyección de ánimo para los que están desesperados.
GC: –Además mandamos el mensaje (y creo que el chico lo capta) de que existe. Un pibe de 16 años y mucho consumo me dijo en un momento: “Pero, padre, ¿usted no tiene algo más importante que hacer que hablar conmigo?”. Eso me quedó, porque es eso mismo lo que buscamos transmitir: “Sos valioso, sos importante”.

–Y con el colegio ¿qué pasa?
JP: –Una de las causas que puede incidir mucho en el consumo de paco es la deserción escolar a nivel del secundario, es decir, preadolescencia o adolescencia. El chico que deserta es un candidato, un caldo de cultivo. Tenemos muchos docentes que van a esos barrios porque tienen un compromiso social fuerte con los pibes. Pero hace falta un compromiso de todos, por eso apelamos al mundo adulto. Si tenés un club cerca de la villa, tenés que tener responsabilidad con ese lugar; si tenés una parroquia, lo mismo. No se trata de tirarle el fardo al otro. Éste no es sólo un problema de los chicos, sino un problema nuestro. Cuando un chico está en horario de clase en la calle, hay un montón de gente que lo ve: maestros, policía, el que le vende café. Ninguno de los grandes nos hacemos cargo. Es muy probable que si el chico está mal, la familia también lo esté, son cosas que van juntas.
GC: –La sociedad argentina debería mirar con tristeza a los chicos que están con el paco o problemas de violencia. Tristeza en lugar de venganza. Es como si fuera un hijo o un nieto. Hay que discutir cómo mejoramos nosotros, los grandes.

–Hacia la gente de la villa, ¿hay prejuicio? ¿Se los estigmatiza?
GT: –Hay prejuicio, pero creo que no por maldad, sino por desconocimiento. Por eso decimos (y más a los funcionarios) que vengan, caminen, conozcan el barrio. Que vean lo que hacen, las calles que arreglan los vecinos, cómo hicieron las cloacas, todas las mañanas los miles de chicos yendo al colegio. Esto es un barrio obrero, no una villa miseria. Es un barrio construido por la gente, con su propio esfuerzo, que labura en la semana y los sábado y domingos están poniendo ladrillitos para mejorar la casa.

–¿Cómo es la relación de la gente de la villa con la violencia? ¿La toleran? ¿Se callan la boca? ¿La comparten?

GT: –La sufren. –Ustedes podrían estar en un lugar más cómodo, vivir mejor, trabajar menos o de otra manera. ¿No hay momentos en los que se cansan y tienen ganas de mandar todo a la mierda, pedir un cambio a una parroquia de Tagle y Figueroa Alcorta y bautizar a bebés rubios?
JP: (Risas) –Hay muchos rubios en la villa… La verdad es que estamos contentos, no estamos castigados.
GT: –Algunos preguntan, ¿qué hiciste que te mandaron ahí?
JP: –Al contrario, estamos a gusto. Además, son barriadas permanentemente creativas, hay que buscar caminos, cambian los desafíos y la gente es muy participativa. Acompañar esto… se te pasa volando. Se me pasa muy rápido el tiempo en la 21, hay mucho para hacer. Ya con que agarremos este tema de la droga: ¿cómo hacemos para recuperar a estos pibes?

–¿Se pueden recuperar?

JP: –Hay que poner muchas fichas. Pero por la experiencia, sabemos que con mucha ayuda, compañía y seguimiento hay chicos que han salido.
GC: –Además, independientemente del resultado (el ideal de uno es que se recuperen, estudien, tengan trabajo, una familia, que sean felices en la vida), empezás a valorar las pequeñas cosas, cuando te dicen: “Padre, por primera vez alguien se ocupó de mí”. Son pequeños logros, qué sé yo.
GT: –Exacto, si no, preguntale a Pepe. (Fue una ironía por la amenaza, todos se ríen.)
GC: –El humor hace bien. Lo que decía es que las pequeñas cosas son importantes, como decirle a una persona que vale la pena intentarlo.
JP: –Cuando uno hace una evaluación, es como en el deporte, la diferencia entre estar cansado por no hacer nada o por haber jugado un partido de fútbol. Es un cansancio lindo. Creo que esto igual. Tal vez llega un momento en que te saturás porque tuviste problema tras problema, y en un día no solucionaste nada. Éxito cero. Pero te vas a dormir pensando “bueno, traté de darle una mano a toda esta gente”, y en ese dar, compartir el esfuerzo, uno se va contento a dormir.
GC: –Señalaría dos cosas también. Que uno se contagia de la misma gente, no es que las capillas solas hacen cosas. Hay mucha gente que levanta comedores, da apoyo escolar, las señoras se reúnen a coser, el mismo barrio tiene una dinámica de querer progresar.

–¿Qué aprendieron estando en la villa?
GC: –Un montón. Uno como cura crece en la fe a partir de la fe de la gente. La vida de uno se va enriqueciendo. Es más lo que uno recibe que lo que puede dar. La villa tiene muchas cosas dolorosas: la droga, la violencia, las armas, pero en sustancia es un clima de familia, todos se conocen y hay un cariño desmedido por momentos.
JP: –Otra cosa también es la fortaleza frente a la adversidad. Es gente curtida. Tendrán grandes problemas, a lo mejor dejaron su familia en otro país, acá no se les hizo nada fácil, les mataron a un pariente; sin embargo, enfrentan los problemas en forma permanente, con fe y solidaridad a la vez. No se fijan sólo en su problema, sino en el que tiene el de al lado.
GT: –Cuando muere un vecino, se mueven todos. El funeral, la cochería, es un dineral. Sale como dos mil pesos. Entonces, buscan servicios más baratos y la plata la ponen los vecinos. Golpean la puerta, casa por casa, dicen “falleció tal, cuánto querés aportar”, y así se hace. La fe la viven encarnada en la realidad, y tienen fortaleza. Pero no es que a ellos no les pasó nada, quizá tienen dolores muy grandes, pero sobrellevan eso fijándose en el otro.
GC: –En la villa, hay un espíritu de fiesta permanente.
GT: –Por eso, podemos estar cansados, rajarnos tres días a descansar, pero realmente estamos muy contentos. Siempre decimos que es un privilegio estar en la villa.
GC: –En eso es muy sabia la oración del padre Mugica: “Perdón por haberme acostumbrado, yo me puedo ir y ellos no”.

Investigación: J L / Luciana Geuna/ Jésica Bossi.

Miércoles, 29 de Abril de 2009 11:40 Autor: Lic. Claudia Santalla. #. Tema: Adicciones No hay comentarios. Comentar.

DOCUMENTO: LA DROGA EN LAS VILLAS

La droga en las Villas: Despenalizada de hecho. (Abril 2009)

           Miles de mujeres y de hombres hacen filas para viajar y trabajar honradamente, para llevar el pan de cada día a la mesa, para ahorrar e ir de a poco comprando ladrillos y así mejorar la casa. Se va dando así esa dinámica linda que va transformando las Villas en barrios obreros. Miles y miles de niños con sus guardapolvos desfilan por pasillos y calles en  ida y vuelta de casa a la escuela, y de esta a casa. Mientras tanto los abuelos, quienes atesoran la sabiduría popular, se reúnen a la sombra de un árbol o de un techo de chapa a compartir un mate o un tereré y a contar anécdotas. Y al caer la tarde muchos de todas las edades se reúnen a rezar las novenas y preparar las fiestas en torno a las ermitas levantadas por la fe de los vecinos.

La contracara, el lado oscuro de nuestros barrios, es la droga instalada desde hace años, quizás con más fuerza desde el 2001. Entre nosotros la droga está despenalizada de hecho. Se la puede tener, llevar, consumir sin ser prácticamente molestado. Habitualmente ni la fuerza pública, ni ningún organismo que represente al Estado se mete en la vida de estos chicos que tienen veneno en sus manos.

Ante la confusión que se genera en la opinión pública con la prensa amarilla que responsabiliza a la Villa del problema de la droga y la delincuencia, decimos claramente: el problema no es la Villa sino el narcotráfico. La mayoría de los que se enriquecen con el narcotráfico no viven en las Villas, en  estos barrios donde se corta la luz, donde una ambulancia tarda en entrar, donde es común ver cloacas rebalsadas. Otra cosa distinta es que el espacio de la Villa –como zona liberada- resulte funcional a esta situación.

La vida para los jóvenes de nuestros barrios se fue tornando cada vez más difícil hasta convertirse en las primeras víctimas de esta despenalización de hecho. Miles arruinados en su mente y en su espíritu se convencieron que no hay posibilidades para ellos en la sociedad.

Por otra parte profundamente ligado al tema de la droga se da el fenómeno de la delincuencia, de las peleas, y los hechos de muerte violenta (“estaba dado vuelta”).  Esto nos hace tomar conciencia de otro gran tráfico que hay en nuestra sociedad que es el tráfico de armas, y que visualizamos como fuera de control. Cuando vemos muertes causadas por menores adictos, también nos preguntamos ¿quién es el que pone el arma en manos de los menores? De este espiral de locura y violencia las primeras víctimas son los mismos vecinos de la Villa.

La destrucción pasó como un ciclón  por las familias, donde la mamá perdió hasta la plancha porque su hijo la vendió para comprar droga. Estas familias deambularon por distintas oficinas del Estado sin encontrar demasiadas soluciones año a año. Toda la familia queda golpeada porque su hijo está todo el día en la calle consumiendo. Asombra ver como ese niño que fue al catecismo, que jugaba muy bien en el fútbol dominguero, hoy “está perdido”. Causa un profundo dolor ver que esa niña que iba a la escuela hoy se prostituye para fumar “paco”.

La despenalización de hecho generó inseguridad social. La raíz de la inseguridad social hay que buscarla en la insolidaridad social.[1] A poco que nos pongamos a la luz de Palabra de Dios, descubrimos que como sociedad no nos hemos movilizado suficientemente ante el hecho dramático del hambre de los niños, que da lugar a adolescentes débiles física y mentalmente. Con madres y padres angustiados sin trabajo o changas mal remuneradas. A los que les resulta más difícil entusiasmar a sus hijos con actividades en clubes y cursos o cualquier otra forma positiva de ocupar el tiempo, ya que no cuentan con el apoyo y el dinero necesario. Se generan así situaciones infrahumanas aprovechadas a su vez, por los gananciosos distribuidores de droga.

Como sacerdotes y vecinos de estas barriadas humildes, sentimos la llamada evangélica de acompañar a aquellos niños, adolescentes y jóvenes  que en gran cantidad se encuentran en este infierno de la droga y a la vez de exhortar a la conversión a los que pisotean la dignidad de los mismos de esta inescrupulosa manera, avisándoles que Dios y la Virgen les van a pedir cuentas.

Ahora escuchamos hablar de despenalizar en el derecho el consumo de sustancias. Nos preguntamos: ¿ministros y jueces conocen la situación en nuestros barrios? ¿Han dialogado con el hombre común de la Villa? ¿Se han sentado a elaborar con ellos proyectos liberadores –la droga esclaviza- o simplemente se piensa en implementar recetas de otras latitudes?

¿Cómo decodifican nuestros adolescentes y jóvenes el mensaje: se puede consumir libremente, por ejemplo cocaína?

Algunas propuestas 

         Cuando un cura se acerca y saluda a los chicos y chicas que están en los pasillos de consumo, en esos lugares de tristeza y desesperación, recibe generalmente preguntas y pedidos de este tipo: “¿Dios a mí me ama?” “¿Me voy para arriba o para abajo?” “Padre me da la bendición de Dios”. “¿No me ayuda a salir de este lugar?, no aguanto más esta vida”…

Apoyándonos en el Evangelio de Jesús nosotros creemos que cada persona es sagrada, cada una tiene una dignidad infinita, ninguna vida está de sobra.

Por eso nos resistimos a mirar esta realidad social desde los papeles de las estadísticas, desde los fríos números. Desde esta perspectiva un adolescente que comienza hoy a consumir paco, es sólo uno más. ¿Qué importancia tiene esto si no afecta a los números y estadísticas que aletargan nuestra conciencia y nuestro compromiso? Tal vez esta mirada se inquieta si los números crecen demasiado, nada más.

Nosotros queremos intentar mirar la realidad desde el corazón de Dios. Es que Dios no quiere que ninguno de sus hijitos se pierda, para todos quiere una vida plena.

Por eso sin ser expertos en la materia, aunque con cercanía diaria con esta realidad, acercamos algunas propuestas-intuiciones en base a las cuales estamos trabajando. De hecho en varias Villas venimos transitando distintos caminos de prevención, recuperación y reinserción; de acuerdo con cada realidad y con las posibilidades que contamos.

 

Prevención 

No hay que ser ingenuos, la tríada hambre-criminalidad-droga es demasiado fuerte. Frente a esta dramática situación tenemos que tomar conciencia de que hay que realizar un trabajo de prevención sistemático y a largo plazo.

Nos parece que se trata principalmente de crear ámbitos de contención y escucha de nuestros niños, adolescentes y jóvenes -en este sentido no es menor todo lo que se haga para fortalecer a sus familias-. Ámbitos de recreación y de construcción de un proyecto real para su vida. La verdad es que se logra poco con el no a la droga sin un fuerte sí a la vida.

Muy unido al tema del consumo de droga, tal vez como una de sus grandes causales esta la falta de sentido, de un horizonte hacia el cual caminar. El aburrimiento, el tedio, el no tener que hacer, van minando la pasión por la vida y donde no hay pasión por ella, aparece la adicción. El gran trabajo de prevención nos parece que tiene que tener como eje el mostrar que la vida tiene sentido. Por eso nos parece que las adicciones son principalmente enfermedades espirituales, sin negar obviamente su dimensión biológica y psicológica.  Una persona espiritualmente saludable está convencida de que la vida merece vivirse, le encuentra sentido a lo que hace, tiene la “alegría de vivir”.

Nuestro país tiene una enorme deuda social. “La deuda social es también una deuda existencial de crisis de sentido de la vida: se puede pensar legítimamente que la suerte de la humanidad está en manos de quienes sepan dar razones para vivir”.

El sentido de la vida se adquiere por “contagio”, los valores se descubren encarnados en personas concretas, por eso, la importancia fundamental de generar en nuestros barrios líderes positivos que puedan trasmitir valores vividos por la fuerza de su testimonio.

Tenemos por otro lado que aprovechar los ámbitos que existen y que son naturalmente lugares de prevención, como por ejemplo la escuela. “La escuela es el principal mecanismo de inclusión. Quienes se van de la escuela pierden toda esperanza ya que la escuela es el lugar donde los chicos pueden elaborar un proyecto de vida y empezar a formar su identidad.  En la actualidad, la deserción escolar no suele dar lugar al ingreso a un trabajo sino que lleva al joven al terreno de la exclusión social: la deserción escolar parece significar el reclutamiento, especialmente de los adolescentes, a un mundo en el que aumenta su vulnerabilidad en relación a la violencia urbana, al abuso y a la adicción a las drogas o al alcohol. Si bien la escuela puede no lograr evitar estos problemas, la misma parece constituir la última frontera en que el Estado, las familias y los adultos se hacen cargo de los jóvenes, en el que funcionan, a veces a duras penas, valores y normas vinculados a la humanidad y la ciudadanía y en el que el futuro todavía no ha muerto.” 

Por eso no hay que quedarse en el mero demandar cosas a la escuela en general y a los docentes en particular, sino que hay que apoyar decididamente su fundamental labor. La educación es un camino real de promoción por eso son necesarias más escuelas y mayor presupuesto para educación en los barrios más pobres de la ciudad.

Nos parece conveniente proponer la posibilidad de que se dicte una materia específica de prevención de adicciones ya desde la primaria, tal vez desde el preescolar. No nos referimos a esa prevención que explica el tipo de drogas, o como se consumen etc.  Nos parece más conveniente un tipo de prevención que transmita a los chicos que tenemos vida y esta vida es sagrada y por eso tenemos que aprender a cuidarla. Hay material elaborado a partir de experiencias en zonas de alta vulnerabilidad social que se puede utilizar. Si fuera necesario, la delicadeza del tema amerita un proyecto de ley en la legislatura que al aprobarse posibilite el dictado de la misma.

El abordar la tarea de la prevención de las adicciones requiere un trabajo hecho con esperanza, con la confianza audaz de que es posible crear ámbitos sanos y dichosos que ayuden a curar las heridas. “A quienes dicen ‘trastornos precoces efectos durables’ se les puede responder que los trastornos precoces provocan efectos precoces que pueden durar si el entorno social y familiar los convierte en relatos permanentes.”

Mirar con esperanza esta difícil situación que vivimos en nuestros barrios nos aleja de una mirada fatalista. Por otro lado nuestra fe católica nunca dijo que algunos están predestinados a vivir bien y otros a la miseria. Nuestra fe lee esta situación como una situación de pecado que clama al cielo y que llamamos pecado social. Esta situación de injusticia se contrapone al proyecto de amor del Buen Dios. Con humildad pidamos perdón al Señor por nuestra complicidad manifestada de tantas maneras y pidámosle la gracia de poner todo lo que esté de nuestra parte para transformar esta dolorosa realidad.

 

Recuperación 

Cuando las estadísticas nos dicen que son demasiados niños, jóvenes y adultos que fuman pasta base, tengamos por seguro que llegamos tarde. La pregunta es: ¿queremos seguir llegando tarde? Son personas, seres humanos que mueren o quedan con una vida hipotecada. Por ellos hay que hacer algo ya. Aunque sólo salvemos a uno.

 

Pedagogía de la presencia 

El primer paso es acercarse a los chicos, no esperar a que estos golpeen las puertas de nuestras instituciones. Este primer paso es a la vez una afirmación de la dignidad de estas chicas, de estos chicos, del valor sagrado de sus personas; no son vidas que ‘estan de sobra’, que molestan, o que afean nuestros barrios. Este primer paso es acercar el corazón. Corazón que se acerca es corazón que ve y se deja tocar por este doloroso grito y por eso se pone a su escucha. El hábito de la escucha no es algo común en nuestros días y es esencial para un verdadero encuentro. Si escucháramos más, seguramente el nivel de violencia que vivimos bajaría notablemente

Ponerse a la escucha no es buscar que rápidamente acaten las pautas sociales. A veces queremos que rápidamente cumplan normas, que respeten derechos para entrar en sociedad, cuando como sociedad no les hemos respetado sus derechos más elementales.

Acercarse, caminar los barrios, escuchar, encontrarse es el primer paso imprescindible.

 

Adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos. 

La burocracia expulsa, pone trabas (excesivas entrevistas y requisitos), en definitiva pone en riesgo la vida de muchas personas. Además muchas veces la realidad de los procesos de recuperación está marcada por los números-dinero (becas por un año, ese sería el tiempo de recuperación), dejando a un segundo plano los procesos personales.

Por consiguiente teniendo en cuenta el proceso de cada persona hay que discernir que camino de recuperación proponerle: atención ambulatoria en un centro de día; internación en una comunidad terapéutica, etc.

Por otro lado es necesario adaptarse a la realidad de los más pobres. Por ejemplo se da el caso de mamás que consumen y no tiene con quién dejar a sus hijos; hay que plantearse entonces la posibilidad de que ingresen juntos en un mismo lugar.

Hay que poner el centro de nuestro esfuerzo en adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos; creando  ámbitos que rompan las cadenas invisibles que esclavizan a nuestros adolescentes y jóvenes.

Hoy vivimos la cultura de la imagen. De muchas maneras se busca tener cautiva nuestra mirada. Si esto se logra en gran parte se adueñan de nuestra vida.

A veces se busca transmitir la idea de que: ‘estamos trabajando fuertemente en la lucha contra la droga’. Es así que por ejemplo se abre un solo centro de recuperación para toda una ciudad y se empapela la misma para dar una buena imagen. Si se da imagen de algo que no es, que en realidad se está haciendo insuficientemente, no solo se corre el riesgo del autoengaño, sino que quedan vidas en el camino.

En relación a esto último hay una responsabilidad grande de los publicistas y de los medios de comunicación en general, valga como ejemplo este verano: Por un lado la propaganda de una bebida alcohólica en la playa que al parecer era sinónimo de plenitud y alegría, por otro lado la realidad de la violencia como consecuencia del exceso de alcohol en muchos jóvenes en la costa.

Tal vez esto sea una llamada de atención para que veamos que como sociedad estamos dejando muy solos a nuestros adolescentes y jóvenes. No les enseñamos que hacer frente al aburrimiento, la tristeza, la bronca o la soledad, etc. No les mostramos que no hay que encontrar “algo” para combatirlas sino encontrar a “alguien” con quien compartir y hablar de lo que les pasa. Hablar y compartir con “alguien” que los puede ayudar es lo contrario a la adicción.

El mundo adulto no puede ausentarse, no puede desproteger a los niños/as y adolescentes. La justicia debe proteger a esos chicos que tienen su libertad  muy condicionada; prueba de ello es que dinero que consiguen va a parar a aquellos que no les importa nada de sus vidas y les ponen veneno en sus manos. La justicia tiene que tenderle la mano a esas mamás que desesperadas no saben como ayudar a sus hijos.

 

Pensar en el después del camino de recuperación. 

No alcanza con el pago de una beca de tratamiento. Hay jóvenes que no pueden volver a sus barrios -cerca de su casa se compra y se consume libremente droga- se da una suerte de factor cuasi-biológico que favorece la recaída  en el consumo. La no conveniencia de la vuelta al barrio es señalada reiteradamente por muchas familias que los aman y acompañan. Tenemos que ir tejiendo con ellos una propuesta de real reinserción social. Desde el elemental derecho a la identidad o sea que accedan a sacar su documento hasta una salida laboral y un lugar para vivir con dignidad.

Sabemos también que muchos jóvenes que hoy están privados de su libertad han cometido delitos a causa del consumo de droga. En ese caso hay que replicar las experiencias que tratan su adicción; utilizándose así  positivamente el tiempo en prisión para que al salir puedan reinsertarse en la sociedad. De alguna manera este también es un trabajo de prevención. 

Por último ponemos bajo la protección y el cuidado de la Virgen de Luján, Madre de nuestro Pueblo, a las familias que en nuestros barrios sufren el flagelo de la droga. 

 

-          José María Di Paola, Carlos Olivero, Facundo Berretta y Juan Isasmendi de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta.

-          Guillermo Torre y Martín Carrozza de la Villa 31.

-          Gustavo Carrara, Adolfo Benassi y Joaquín Giangreco de la Villa 1-11-14.

-          Jorge Tome y Franco Punturo de la Villa 20.

-          Sebastián Sury y José Nicolás Zámolo de la Villa 15.

-          Pedro Baya Casal y Martín De Chiara de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo.

-          Nibaldo Valentín Leal de la Villa 6.

-          Sergio Serrese de la Villa 19.

-          Enrique Evangelista de la Villa 26.

-          Jorge Torres Carbonell de la Villa Rodrigo Bueno.

 

Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 25 de Marzo de 2009.



Cf. Mons. Miguel Esteban Hesayne. Jesús, el Reino y la inseguridad. Homilía del 32º domingo durante el año (9/11/ 2008)

Mons. Jorge Lozano: “Hemos escuchado con preocupación a algunos funcionarios manifestándose abiertamente por la despenalización del consumo de drogas. Se argumenta que no se quiere criminalizar al adicto, ponerlo en el mismo nivel de delito que al narcotraficante. Excelente intención. Pero ¿se logra el propósito andando ese camino? ¿La legislación actual penaliza al consumidor? No. La ley 23.737 establece que cuando la tenencia es para uso personal y hay una "dependencia física o psíquica" de la sustancia, el juez puede imponer una "medida de seguridad curativa, consistente en un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación por el tiempo necesario", por lo que deja en suspenso la pena que le pudiera corresponder.

Considera al consumidor como una persona enferma (no un delincuente) y manda a proveerlo de un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación. La despenalización del adicto ya está en vigencia.”  Artículo periodístico publicado en el Diario La Nación sobre la posible despenalización del consumo de drogas para consumo personal. (29/12/ 2008)

Nos parece muy iluminador el trabajo de López Rosende Juan Manuel. Huérfanos de amor. Trastornos psicológicos y espirituales. Editorial Dunken. Buenos Aires, 2008. 

CEA. Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad. (2010-2016) Nº 25 

[5] Card. Jorge Mario Bergoglio S. J. Carta pastoral sobre la niñez y adolescencia en riesgo. (1/10/05 ) 

 Por ejemplo: Aldo Tamai- Claudia Betancour. Promoción de la Salud para niños en edad escolar. Estrategias para la prevención de adicciones y otras situaciones de riesgo en edad escolar. Editorial Guadalupe. Buenos Aires, 2007. 

[7] Cyrulnik Boris. La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia. Granica. Buenos Aires, 2001. Pag. 92. Del mismo autor se puede leer obras como: “El amor que nos cura.”; “Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida.” 

Gomes Da Costa Antonio Carlos. Pedagogía de la presencia. Losada - UNICEF Argentina. Buenos Aires, 1995.

Fuente: Página web de los curas en la opción por los pobres.

Miércoles, 29 de Abril de 2009 10:37 Autor: Lic. Claudia Santalla. #. Tema: Adicciones No hay comentarios. Comentar.

ALGO SOBRE DROGAS

Llegó la hora de que se haga algo en serio para combatir el paco

Fernando Laborda - La Nación - Martes 28 de abril de 2009

Durante demasiado tiempo, los argentinos ?tanto los simples ciudadanos como los dirigentes y los gobernantes? le dimos la espalda al problema del consumo de drogas.

Nos consolamos con el hecho de que se trataba de un fenómeno mundial y no exclusivo de la Argentina. Ha llegado el momento de unir esfuerzos para circunscribir este infierno que no distingue ni edades ni clases sociales.

Muy lejos han quedado los tiempos en que había quienes se jactaban de que la Argentina era un país de tránsito para las drogas. Hoy no quedan dudas: nuestro territorio se ha convertido en un enorme centro de comercialización y consumo. Y nuestro mercado es doblemente atractivo para los narcotraficantes, porque el número de consumidores aumenta año tras año y por las facilidades para traficar estupefacientes.

La lucha contra la droga nunca se ha transformado en una política de Estado. Los discursos políticos han estado repletos de promesas, de inconsistentes golpes de efecto, de frases al estilo de "caiga quien caiga" o de "investigar hasta las últimas consecuencias", que todos sabemos ya en qué terminan.

Mientras esto sucedía, mientras los actuales funcionarios a cargo del Ministerio de Justicia y Seguridad y de la Sedronar parecían competir entre ellos por espacios de poder, y mientras el clientelismo usaba a los más pobres como carne de cañón electoral, el paco fue sentando sus reales en las zonas más sumergidas del Gran Buenos Aires y de la propia Capital, expandiendo sin límites su cultura de la muerte, con toda la trama de violencia y delincuencia que ella implica.

El consumo de drogas, especialmente entre los segmentos más empobrecidos de la población, no sólo se expandió, sino que la edad de los consumidores comenzó a bajar.

La dolorosa realidad del presente es que los encargados de vender droga en las calles son cada vez más chicos. En la cadena de distribución de la droga el último eslabón suele ser casi siempre un menor de edad.

No es casual: al igual que frente a otros delitos comunes, los grandes proveedores buscan a los menores para esas tareas porque pueden salir rápidamente de la comisaría y así volver a la venta callejera de droga.

Afortunadamente, cada tanto aparecen héroes, como los sacerdotes José María Di Paola, Sergio Serrese y Gustavo Carrara, quienes denunciaron la impunidad con que el narcotráfico se mueve en villas de emergencia del área metropolitana en las que ellos realizan su misión pastoral y social, convertidas en verdaderas "zonas liberadas" donde el consumo de droga "está despenalizado de hecho".

 

* * *

 

Esos héroes de carne y hueso podrán estar dotados del elemento esencial para encarar la lucha contra la droga, el amor al prójimo, pero se necesitan otras armas para enfrentar a un enemigo tan poderoso.

Armas que sólo pueden proveer un Estado que parece ausente por completo en la vida de los habitantes de los asentamientos más precarios y una sociedad que, durante años, contempló esta problemática como algo que le era ajeno.

Con más de 50.000 adictos al paco en todo el país, de acuerdo con precarias estimaciones oficiales, muchos de los cuales recurren a prostituirse, a robar o a matar para solventar las dosis diarias de ese veneno, podemos decir que estamos en medio de un lento genocidio, aunque las estadísticas no lo puedan mostrar aún.

Claro que hay otros datos que sí exhiben las estadísticas y que son igualmente preocupantes. La propia Sedronar pudo estimar, a través de una encuesta entre 56.000 personas de entre 12 y 65 años realizada en 2006, que unas 440.000 personas eran consumidoras habituales de cocaína y que 1,2 millones recurrían a la marihuana, al tiempo que algo más de 80.000 personas consumían paco o éxtasis. Es muy probable que esos números sean hoy mayores.

Quienes frecuentan bares y locales bailables de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano advierten que nunca se percibió el nivel de consumo de drogas que se ve hoy.

Y no debería sorprendernos: según el último estudio nacional sobre consumo de sustancias psicoactivas en población escolar de la Argentina, que relevó a 62.700 alumnos de colegios públicos y privados de todo el país, el 70 por ciento de los adolescentes no juzga peligroso el consumo ocasional de marihuana ni de cocaína, al tiempo que el 2,6 por ciento admitió haber consumido paco alguna vez en su vida.

Sin dudas, ha llegado el momento de hacer algo contra las drogas. Ha llegado la hora de una política de Estado, al margen de cualquier diferencia partidaria y de padres que más de una vez han mirado para otro lado.

 

 

En 2002, por primera vez, la adicción tuvo nombre

Martes 28 de abril de 2009

"Tengo un caso que me preocupa: la patología es nueva y no sé de qué consumo se deriva... En el barrio le dicen «paco»."

A fines de 2002, el entonces secretario de Adicciones de Buenos Aires, Claudio Mate, había reunido en Junín a todos los representantes de los centros de prevención de adicciones (CPA) distribuidos en la provincia. El encuentro estaba previsto más para organizar cuestiones logísticas que para analizar cuadros clínicos. Hasta que la delegada de la VI región, con cobertura en la zona sur del conurbano, pidió la palabra y los funcionarios escucharon por primera vez la mención del paco. Ya nada volvería a ser como antes.

Mate había organizado una red de CPA con la idea de ir a buscar pacientes, en lugar de esperar su llegada. En las zonas más precarias se instalaron esos puestos de vigilancia, desde los cuales se hacían sondeos rápidos sobre la situación de las adicciones en cada barrio.

El caso que dio la alarma fue el de un joven que presentaba un considerable deterioro físico, detectado en el CPA de la villa Itatí. En ese asentamiento situado entre Quilmes y Berazategui empezó a venderse el paco un año antes de que las autoridades tomaran nota del primer caso.

También allí se acuñó la definición de "muertos vivos" para catalogar a los consumidores. Los vecinos, al ver esos movimientos corporales propios de zombis de películas de terror, apelaron al mote que aún acompaña a esa fulminante adicción. El horror apenas empezaba.

No se trataba de un laboratorio de cocaína a gran escala: apenas un alambique implantado en una de las manzanas interiores de la villa. La producción y venta de la droga eran artesanales en ese momento.

Una sola persona introdujo el paco, ese veneno que hoy se multiplica por doquier. Fue un boliviano que copió el uso que se daba en su país a los restos de la pasta base de cocaína. Como todo mercado, el de la droga también se mueve en función de los vaivenes económicos. Faltaba cocaína en plaza y el paco ocupó su lugar.

 

Los chicos, víctimas de la distribución

Martes 28 de abril de 2009 - LA NACIÓN

En la villa 15, conocida como Ciudad Oculta, en Mataderos, la mayoría de los que tienen "quioscos" de venta de paco son mujeres que, para distribuir la droga en los angostos pasillos del barrio, utilizan a niños de hasta 14 años, que hacen el trabajo sucio a cambio de dosis que no pueden pagar.

Así lo informaron a LA NACION fuentes judiciales, que agregaron que los distribuidores del paco no están dentro de la villa, sino en las zonas periféricas. "La droga llega a las villas de la ciudad de Buenos Aires desde el conurbano, donde están las cocinas de cocaína", dijo un investigador judicial.

En el porteño Juzgado Federal N° 12, a cargo de Sergio Torres, se instruye una "megacausa" por el paco. El expediente se abrió después de una investigación preliminar sobre el tráfico de pasta base de cocaína, realizada por el fiscal federal Luis Comparatore.

Detectives de la División Operaciones Metropolitanas de la Superintendencia de Drogas de la Policía Federal hicieron varios allanamientos, por orden de Torres, en Ciudad Oculta y en las villas 31 y 31 bis, de Retiro.

Hasta ahora, por esta causa, ya se han incautado, según informaron fuentes judiciales, de 7200 dosis de paco, 13 armas de fuego (calibres 22, 32 y 9 mm) y balas de punta hueca.

"En varios lugares donde entramos y encontramos paco, los dealers tenían armas con balas en la recámara, que no llegaron a utilizar. En Ciudad Oculta, chicos de 14 años se encargan de distribuirlas en los pasillos, a cambio de dosis que no pueden pagar", explicó una fuente policial.

A la noche, en los pasillos de la villa 31, en Retiro, los chicos consumen paco. Pero muchos no viven allí: llegan desde otros barrios de la Capital o del Gran Buenos Aires.

Eso le contó a LA NACION Ramona, una vecina del lugar que, por las noches, recorre las calles para salvar a los chicos. "Cuando les pregunto quién les vende, me contestan: «El ?señó´». Tienen prohibido decir el nombre", confió la mujer.

 

El paco preocupa a Chile y a Uruguay

La droga derivada de la pasta base de cocaína cambia de nombres al cruzar la frontera, pero mantiene su vinculación con el delito

Martes 28 de abril de 2009

El paco tiene diferentes nombres fuera de la Argentina, pero en los países vecinos también se advierten su consumo y su vinculación con el delito y la marginalidad. En Chile, el 70% de los delitos se comete bajo la influencia del alcohol o de las drogas, que ingresan por cientos de pasos fronterizos ilegales. En Uruguay, el impacto del consumo del residuo de la pasta base de cocaína se traduce en abandono del hogar, exclusión social y comisión de delitos para obtener dinero y comprar más tóxicos.

Sobre una de las avenidas más transitadas de Montevideo se encuentra el establecimiento Vilardebó. Cuando se camina por él, cuando se reciben las miradas perdidas de sus pacientes psiquiátricos, cuesta entender cómo una madre pudo haber querido que su hijo terminara ahí adentro, internado. Pero las madres de los adictos al paco uruguayos ven en ese hospital una "tabla de salvación familiar".

Serrana de Freitas es una funcionaria pública que tiene tres hijos varones. Contó a La Nacion su angustia porque el mayor había caído en la adicción al paco ?o pasta base, como se lo llama en Uruguay? y no encontraba cómo rescatarlo: "Se fue hace dos meses con 90 kilos y ahora parece que pesara 60..., está encorvado. Vendió sus CD, se «fumó» la moto 0 km. Vino a pedirme comida, con un pantalón atado con alambre. ¿Cómo le voy a negar comida? Mis hijos temen por mí, porque es agresivo, pero también porque denuncio a los que venden drogas, ya me incendiaron la puerta de casa. Pero yo adoro a mi hijo y quiero recuperarlo".

La pasta base llegó a Uruguay entre 2001 y 2002, y tuvo un crecimiento fuerte en jóvenes que viven en situación de exclusión social. Pero ahora ya no es sólo un problema de los marginados. La adicción alcanzó a chicos de clase media. El tema preocupa a la población por los delitos que cometen los adictos.

En la campaña electoral, la oposición y el oficialismo piden mayor compromiso en la lucha contra esta droga. "Con la mayor severidad hay que encarar la eliminación de las bocas de distribución [de paco], que hoy están tan asociadas a estas condiciones de inseguridad", dijo el precandidato del Frente Amplio, Danilo Astori.

Serrana de Freitas, una de las llamadas Madres de la Plaza (que marchan contra el paco en Montevideo), dijo a La Nacion que su reclamo se sintetiza en tres puntos: aumento de penas para los vendedores de paco; tratamiento gratuito y obligatorio para los adictos, financiado con la venta de bienes decomisados a los narcotraficantes, y mayor celeridad en los procedimientos ante denuncias sobre "bocas de venta" de droga.

El secretario general de la Junta Nacional de Droga, Milton Romani, dijo a La Nacion, que según la encuesta de hogares de fines de 2006, los consumidores de paco representan el 0,8% del total, aunque asciende al 8 por ciento en las zonas más pobres.

Los "angustiados"

En Santiago de Chile, el negocio es sencillo y exponencialmente lucrativo: una dosis de pasta base mezclada con yeso, bicarbonato o raspado de muros para "estirarla" se consigue en cualquier lado por menos de un dólar. Se fuma mezclada con tabaco ?un "mono"? o con marihuana ("marciano"). A los que consumen la "pasturri" o "bazuca" los llaman "angustiados", por el inenarrable efecto físico y psicológico que les sobreviene con la abstinencia.

Casi la totalidad del clorhidrato y de la pasta base de cocaína llega desde la Argentina, Perú y Bolivia. Carabineros detectó 148 pasos ilegales de droga en la frontera norte del país.

La unidad antidrogas de Carabineros (OS-7) aumentó en casi un 70% las detenciones por microtráfico de drogas en el primer trimestre de este año: más de 1500 arrestos y 30.000 dosis de coca y pasta base incautadas.

El perfil del consumidor es claro: jóvenes desempleados, pandilleros de los sectores marginales del Gran Santiago. Aunque se ha detectado su consumo en sectores acomodados.

Dijo la directora de la comisión nacional para el Control de Estupefacientes, María Teresa Chadwick: "Los más dañados son los pobres, que la usan como paliativo del hambre y sufren períodos de angustia que los llevan a delinquir". Un círculo vicioso.

Nelson Fernández y Carlos Vergara, corresponsales en Uruguay y Chile

 

Aplicación de la ley 23.737
DATOS y NÚMEROS
 
Las maniobras políticas permiten logran los objetivos mas allá del consenso general, la despenalización de la tenencia de drogas es indudablemente una treta más dentro de un cúmulo de ideas progresistas. En las artimañas políticas se tiene en cuenta el objetivo buscado y los daños causados para lograrlo pasan a ser daños colaterales.
 
La Subsecretaría de Asistencia de las Adicciones de la Provincia de Buenos Aires, señala que el consumo de drogas (incluido el alcohol) está asociado al 68 % de las muertes de jóvenes entre 15 y 24 años, lo que parecería ser visto como un "daño colateral" de la oferta de drogas.
 
Viendo ésta realidad, la tenencia de drogas no se encuadra dentro del artículo 19 de la constitución nacional, dado que no es una cuestión privada. Las cosas privadas no afectan a otros, en cambio la manipulación de drogas sí.
 
Hoy somos testigos presénciales de la tenencia de drogas en niños que no superan los 12 años de edad, frente a un Estado inerte, que se postula como no responsable de las consecuencias producidas por los vendedores minoristas de drogas.
 
Los esfuerzos de SEDRONAR para prevenir y asistir al drogadependiente y su familia, chocan con las concretas acciones que desde el Ministerio de Justicia se vienen llevando adelante.
 
La Oficina de Investigaciones y Estadísticas Político Criminales de Ministerio Público Fiscal, nos invita a bucear en una serie de números estadísticos que nos indica el magro resultado obtenido durante 2007 en la lucha contra las drogas, no solo desde las Fuerzas de Seguridad sino también desde el Poder Judicial que hoy intenta desentenderse del tema.
 
A lo largo de 2007 en Capital Federal se iniciaron 5586 causas y en el resto del País fueron 7305, es decir un total en toda la Nación de 12.891 de las cuales solo se condenaron a 1116 de ellos. Dicho en porcentajes, solo el 8% de los detenidos fue efectivamente condenado.
 
  
 
Es decir, las fuerzas de seguridad trabajan y la justicia no encuentra el camino. Estos resultados también nos invitan a verificar cuales fueron los motivos por los cuales 12.891 personas fueron detenidas durante el año 2007 bajo los lineamientos de la actual ley 23.737
 
Tenencia de drogas con fines de comercialización
 
Durante 2007 se detuvieron en todo el País, 659 personas por "Tenencia de drogas con fines de comercialización" pero fueron condenadas 254 de ellas, lo que nos da un 28 % de efectividad del sistema judicial.
Esto nos muestra que las fuerzas de seguridad detienen a personas por comercialización pero que en los estrados judiciales no lo perciben de igual forma.
 
Trasporte de drogas
 
Respecto del "Trasporte de drogas" en Capital Federal solo se detuvo a una persona y cinco con el cargo de trasporte agravado. En el país se detuvieron un total de 686 personas por "Trasporte simple de estupefacientes" y se llegó a 291 condenas, lo que resulta un porcentaje del 30%.
   
Es extraño que en un País donde hay tres cárteles instalados en la Capital y operaciones de ingreso de drogas que involucran a todas las provincias del norte argentino, con más de 1500 pistas clandestinas a las que ingresan 120 aeronaves Cessna por día con capacidad para llevar por viaje hasta 600 kilogramos de droga, haya solo 291 condenas.
 
Almacenamiento de drogas
 
Sobre el "Almacenamiento de drogas", se detuvo en Capital Federa un total de CERO personas y en todo el país 15 personas con 10 condenas lo que representó el 60 % del total.
 
Evidentemente es una deficiencia policial, dado que siendo primeros consumidores de cocaína en colegios secundarios de toda Latinoamérica según Naciones Unidas, se hayan encontrado solamente 15 personas que almacenaban drogas, lo que se debe destacar es que el alto promedio de condenas en éste rubro muestra que la instrucción policial ha sido eficiente al menos en el 60% de los procedimientos.
 
 
Comercio de drogas
 
Por "Comercio de drogas" hubo 401 detenciones en todo el país, llegando solo a 55 condenas firmes, representándonos solo un escaso 12%.
 
Solo 55 condenas para 401 detenidos por comerciar drogas, es preocupante, pero aún lo es mas si pensamos en el enorme comercio de drogas que existe en Argentina, donde se han incautado no menos de 80 mil kilogramos de droga a lo largo de 2007. Debe tenerse presente que embarques de cocaína de 700 a 1500 kilos han sido incautados en distintos puntos de Europa provenientes de puertos argentinos como por ejemplo el de Zarate - Campana. 401 detenidos es una magra cosecha para las fuerzas de seguridad.
 
Organización y financiamiento de tráfico de drogas
 
Por "Organización y financiamiento de tráfico de drogas" solo se detuvieron 3 personas en toda la República y no se registra ninguna condena.
  
En Argentina parece no existir las organizaciones que financian el narcotráfico, al menos para las fuerzas de seguridad y la justicia nacional.
 
Por otras infracciones a la Ley 23.737
 
Por otros delitos encuadrados dentro de la ley 23.737 (entre los que NO se encuentra el consumo personal), se detuvieron en todo el país 6155 individuos y se condenó a solo 54 de ellos, arrojando un porcentaje menor al 1%.
Al no especificar los "otros delitos", nos quedamos con la amarga duda de saber cuales fueron los delitos y porque no se condenó prácticamente a nadie.
 
 
Tenencia simple de drogas
 
Por "tenencia simple de drogas", se detuvo en Capital Federal 162 personas, en el Interior de País 2073, lo que arroja un total general de 2235 individuos. Solo se condenó a 242, redondeando un enjuto 10%.
 
En el último tratado firmado con Naciones Unidas en Viena a fines de 1988, nos comprometimos como País, a combatir la Tenencia de Drogas. Un tratado internacional tiene rango constitucional, es decir tiene idéntico valor que nuestra constitución y por tanto no puede ser derogado por una norma menor, llámese Ley, Fallo de Cámara o Acordada de la Corte Suprema. Este es un espacio de la Ley que el vendedor de drogas utiliza para esconder su negocio.
 
Suministro gratuito de drogas
 
En el rubro "Suministro gratuito de drogas" se detuvo a 51 individuos y se condenó a solo 3 de ellos.
Este es otro de los rubros en los que tratan de ingresar los vendedores minoristas de drogas y los dealers.
 
Tenencia para consumo personal
 
En cuanto a las detenciones por tenencia para consumo personal durante el periodo 2007 han sumado en el país de 2650 individuos,  siendo enviados a centros de rehabilitación a 152 de ellos. Las condenas trepan al 5%
 
Este es otro espacio de la ley 23.737 ocupado por los vendedores minoristas que amparándose en las bondades del artículo 14 encuentran como eludir la condena de prisión.
 
Agregamos que, 2650 causas dividido 200 juzgados federales, da un total de 14 causas por juzgado por año, algo más de una por mes por tribunal federal, lo que no muestra bajo ningún punto de vista el supuesto colapso manifestado desde el Ministerio de Justicia y mucho menos para que la Corte Suprema de Justicia intente despenalizar la tenencia de drogas."
 
 
Conclusión
 
Al no tener un registro fehaciente del motivo por los cuales fueron detenidas estas personas y al no poder comparar los cambios de carátula en los juzgados federales, nos quedamos solo con los números crudos de una realidad concreta.
 
Por comercio de drogas en todo el País se han detenido 401 personas, lo que nos da un claro panorama de la falta de acción jurídico - policial en el combate al narcotráfico.
 
La explicación de la inmensa oferta de droga que sufre la Nación, está reflejada en los porcentajes de éste informe. Los ciudadanos continuamos sufriendo y las autoridades siguen tratando de explicar por que no hacen lo que deberían hacer.
 
 "Debe destacarse que la despenalización de la TENENCIA de drogas que propone la Corte Suprema de Justicia de la Nación en la Acordada del próximo mes de febrero de 2009, deja como consecuencia un agujero legal, dado que el tenedor de droga será desincriminado.
 
De ésta manera los verdaderos beneficiados serán los vendedores minoristas de drogas, que salen a las calles con escasa cantidad para hacer imperceptible su comercio y de ésta manera cumplir con sus objetivos."
 
"La Corte Suprema de Justicia de la Nación se mostraría como favorable a la comercialización de drogas, en lugar de ejercer la protección ciudadana para la que ha sido creada."
 
Nota: Los números y porcentajes fueron obtenidos de la Oficina de Investigaciones y Estadísticas Político Criminales de Ministerio Público Fiscal, concentrados en el item: "Delitos por la Ley de Estupefacientes (23.737) Informados por las Fiscalías Federales con asiento en Capital Federal y del Interior del País."
 
Buenos Aires, 17 de enero de 2009
 
Claudio Izaguirre
Presidente
Asociación Antidrogas de la República Argentina
Martes, 28 de Abril de 2009 11:35 Autor: Lic. Claudia Santalla. #. Tema: Adicciones No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]