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Derechos Humanos en la Infancia y Adolescencia.

Los colegios a veces frenan los talentos

Aconsejan estimular la creatividad de los chicos y desarrollar sus capacidades con actividades especiales

Lunes 9 de junio de 2008

Cuando tenía sólo tres años, Bruno Caruso le preguntó a su maestra si el Big Bang era anterior a Adán y Eva. Meses más tarde, decretó que las directoras de su escuela no estaban suficientemente capacitadas porque ninguna sabía lo que era un espiráculo. A esa misma edad, Santino Cantisano preguntaba sobre filosofía y un día, mientras viajaba en auto con sus padres, concluyó: “El infierno son tus peores miedos”.

Si bien en la Argentina no existen estadísticas, las investigaciones internacionales indican que el 2% de la población infantil es superdotada o talentosa. Es decir, alcanzan un coeficiente intelectual de 130 puntos, según los parámetros de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Aprenden a leer y a escribir espontáneamente a los tres años, saben cosas que nunca nadie les enseñó y tienen intereses y necesidades diferentes a otros niños de su edad. Pero, coinciden los especialistas y los padres consultados, se aburren en la escuela y tienden a aislarse hasta que sus altas capacidades son detectadas e incentivadas.

“En la escuela, los maestros desconocen o niegan sistemáticamente la diversidad para arriba. La crisis fundamental empieza en la edad del preescolar o antes. Los niños, que ya saben lo que se les está enseñando, se aburren y sufren. Muchos tienen el conocimiento adentro, pero necesitan estimulación”, explicó a LA NACION la presidenta de la Fundación para la Evolución del Talento y la Creatividad (FETC), María del Carmen Maggio.

Lo opuesto a la escuela

En la FETC ( www.fetc.com.ar ) , que propicia la exteriorización del talento y la estimulación del pensamiento con talleres de plástica, de inventos y de teatro, decenas de niños superdotados o talentosos se reúnen todos los sábados y, guiados por maestros, trabajan en lo que les gusta: escriben cuentos o poemas, dibujan o pintan, hacen experimentos mecánicos, juegan con la computadora.

“Esto es lo opuesto a la escuela, donde los obligan con una currícula definida. El buen maestro debe escuchar lo que el alumno necesita, y estos chicos necesitan estar, por lo menos, una vez a la semana con sus pares para equilibrarse”, sostuvo Maggio. Mientras, en otra aula, los padres comparten sus inquietudes y sus experiencias. Y todos cuentan haber pasado por alguna situación traumática con los colegios donde asistían sus hijos.

“Los maestros no están capacitados para darse cuenta. Alejo sumaba y restaba mentalmente a los cuatro años. Y hablaba con un vocabulario muy enriquecido. Aprendió solo y, cuando empezó el colegio, las maestras estaban asustadas por desconocimiento”, dijo Gabriela Pérez, mamá de Alejo Ahmed, que hoy tiene nueve, y de Nahiara, de siete, que también es talentosa. Ambos asisten a una escuela pública en Quilmes.

Bruno Caruso, de cinco, irrumpe en la sala. Sostiene la tapa de una caja de zapatos en la que, cuando conecta dos cables, una hélice comienza a girar. Sus ojos desbordan de emoción. Se lo muestra a la mamá, que lo felicita, y se va. “La formación del docente no incluye la enseñanza a los niños con altas capacidades”, añade su mamá, Analía Losada. Su hijo asiste a un colegio religioso en Rafael Calzada.

Con ella coincide la directora del Centro para el Desarrollo del Alto Potencial, Mariela Vergara Panzeri. “Están contemplados dentro de la esfera de la educación especial, pero que no se cumpla en la práctica es otra cosa. Se necesita formar a los docentes para que puedan identificar a los alumnos dotados. El 90% de las consultas es hecha por los padres y no por derivación de pediatras o escuelas. Hoy, los docentes no reciben esta formación”, sostuvo la especialista de la institución ( www.cedalp.com ).

En este mismo sentido, opinó la vicerrectora de una escuela de Parque Patricios, que prefirió no revelar su identidad. “Debería haber una atención especial. Si esos alumnos fueran estimulados especialmente podrían desarrollar sus talentos, pero eso no se hace en la escuela pública y muy escasamente en la privada”, afirmó.

“Chaleco de fuerza”

Para Santino y Bernardo Cantisano, de ocho y cinco años, que estudian en un colegio privado de Quilmes, la educación tradicional es “un chaleco de fuerza”, afirmó su madre, Celina Selvas. “Cuando vaya a la facultad, voy a ser libre”, dijo Santino. Su mamá agregó: “En el colegio, la respuesta siempre fue la misma. Nunca entendieron que Santino necesitaba más estimulación que el resto. Se terminó adaptando, porque se resignó y se fortaleció internamente. Los docentes y las autoridades no saben de qué les hablás y, en vez de ayudarlos, los juzgan”.

Una situación diferente se vive en la sede Belgrano de las Escuelas ORT ( www.ort.edu.ar ), donde proponen un programa de atención a la diversidad que tiene por objetivo que los alumnos diseñen ciertos trayectos curriculares. Y, con el campus virtual, los profesores pueden darles mayores desafíos a aquellos alumnos más capaces, sin comprometer la dinámica grupal.

“Les da una opción para fortalecer conocimientos y extiende las áreas de la escuela. La idea es generar trayectos diferenciados, ya que no todos son iguales. Intentamos aprovechar las capacidades de los alumnos al máximo, brindando desafíos de acuerdo con sus intereses”, explicó el director de estudios, Alejandro Ferrari.

Mientras el debate toma calor, los pequeños superdotados despuntan sus gustos. Un foro sobre mitología griega y nórdica, que niños de entre siete y 11 años mantienen como materia de discusión, lo dice todo.

Por Nathalie Kantt
De la Redacción de LA NACION


Consejos para detectar los casos

  • Si el niño se muestra desmotivado en la escuela, se aconseja consultar con especialistas.
  • Los chicos talentosos son perceptivos y presentan una acentuada capacidad de observación.
  • Se aburren fácilmente en el aula.
  • Tienen una avanzada habilidad para la escritura y la lectura en edades no habituales.
  • Son considerados erróneamente autistas porque a veces se automarginan para resguardarse de un medio hostil.
  • Tienden a expresar conceptos y preguntas originales.
  • Suelen ser autodidactos.
  • Pueden disminuir su rendimiento real, lo que a veces es confundido con problemas de aprendizaje.
  • Les cuesta permanecer sentados.
  • Suelen resistirse a las tareas encomendadas por los maestros.
  • A diferencia del déficit de atención, que hace que las respuestas de los chicos sean erráticas, los talentosos suelen dar respuestas inusuales para su edad.
  • Se siente resentido en los períodos de larga inactividad escolar.

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