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Derechos Humanos en la Infancia y Adolescencia.

Los niños, principal blanco de la ola de secuestros en México

En lo que va del año ya se registraron 28 casos sólo en el Distrito Federal
El presidente Calderón pide condenas más severas.

CIUDAD DE MEXICO.- Supuestamente, Fernando Martí estaba a salvo. El hijo de 14 años de uno de los empresarios más exitosos de México tenía un chofer privado que lo llevaba a la escuela y un guardaespaldas que vigilaba el entorno urbano.

Pero el velo de protección le falló una mañana, a principios de julio, cuando el auto blindado de la familia llegó a un control en el que había hombres armados y vestidos como agentes de la Policía Federal.

El joven y sus dos guardianes recibieron la orden de bajar del vehículo y fueron secuestrados. El chofer fue torturado -le arrancaron todos los dientes, según la prensa- y más tarde asesinado. El guardaespaldas fue estrangulado y dado por muerto. A Fernando lo mantuvieron con vida el tiempo suficiente como para que los secuestradores llamaran a sus padres, lo dejaran hablar brevemente con ellos y después pudieran pedirles un enorme pago por el rescate.

El padre del muchacho, Alejandro Martí, dueño de una cadena de artículos deportivos y de gimnasios de alto nivel, respondió a la manera en que lo hacen todos los mexicanos adinerados que se encuentran ante esa espantosa situación: contrató a un consultor de seguridad privado para que negociara con los secuestradores y puso en juego su chequera.

Pese a que en la actualidad hay menos secuestros en México que durante el momento más alto de la ola de los 90, están volviendo a aumentar. Y, según los funcionarios, el mayor incremento parece darse en el secuestro de niños.

El año pasado fueron secuestrados 15 niños en Ciudad de México y, hasta el momento, se registraron 28 casos en lo que va de este año. En total (más allá de la edad de las víctimas) en 2007 se denunciaron 438 secuestros en todo México, un 35% más que en 2006, según declararon funcionarios federales. Sólo en la capital se denunciaron 119 secuestros en 2007 y 86 en lo que va de este año.

Pero esos números sólo dan cuenta de los secuestros denunciados. Las autoridades reconocen que la mayoría de los casos no se denuncian. Eso hicieron los Martí, inútilmente.

En torno a los secuestros creció una gran industria, que incluye consultores de seguridad para negociar rescates; pólizas de seguros, y medidas de seguridad que van desde guardaespaldas con formación militar hasta autos blindados y prendas antibalas.

Dada la implicación de algunos agentes corruptos en la industria del secuestro, no resulta difícil entender por qué los familiares de las víctimas buscan ayuda por fuera de la fuerza policial cuando intentan acabar con sus pesadillas.

Pero Luis Cárdenas Palomino, jefe de inteligencia de la Policía Federal, dice que los negociadores no tienen la misma experiencia que sus veteranos agentes.

Según se informó, los Martí pagaron a los secuestradores millones de dólares, pero su hijo menor, que adoraba el fútbol y asistía a la prestigiosa British American School, no les fue entregado.

Después de mantener el asunto en secreto, los Martí cambiaron de estrategia, al publicar en los diarios anuncios en los que ofrecían aún más dinero si Fernando volvía sano y salvo. La espera continuó hasta el 1° de agosto, cuando la policía encontró el cuerpo de Fernando en el baúl de un auto en el barrio de Coyoacán. Hacía por lo menos un mes que estaba muerto, según agentes policiales.

Desde el descubrimiento del cadáver, cada día parece traer un nuevo detalle sorprendente del caso. Cristián Salmones, el guardaespaldas que en principio se creyó muerto, es ahora un testigo clave que proporciona a los investigadores una visión del delito desde adentro. Tres sospechosos fueron detenidos, dos de ellos oficiales de la policía. También se investiga a otros agentes.

Medidas

El caso traumatizó a la ciudad. Sus habitantes organizaron marchas y los políticos propusieron un diluvio de soluciones, incluida una propuesta del presidente Felipe Calderón, que sugiere sentencias carcelarias más duras para los secuestradores, con condenas que oscilan entre los 70 años y la cadena perpetua.

"Debemos purgar las agencias policiales para librarnos de las que estén infiltradas por los criminales", dijo el mandatario.

La desconfianza pública hacia la policía no desaparecerá pronto. "Es necesario hacer cambios urgentes", escribió la semana pasada Alfredo Harp Helú, víctima de un secuestro en 1994 y socio comercial de Martí.

Pero algunos se preguntan cuánto durará esa urgencia. "Una vez más vemos que los agentes del orden están involucrados en los secuestros, asistimos a las repugnantes mentiras de funcionarios, y a las vacías promesas de los políticos", se mofó Joel Antonio Ortega, presidente del grupo Ya Basta, que da voz a lo que muchos mexicanos sienten en este momento.

Traducción: Mirta Rosenberg
Fuente: La Nación

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